Buscar las claves del mal funcionamiento de España es difícil si queremos ajustarlo a unas pocas directrices básicas que cubran todo el espectro del sistema. Pero hoy quiero hablar de la que, para mi, es una muy importante: La comprensión lectora.
No podemos obviar que fallamos en dicha categoría cuando cualquiera de los típicos exámenes internacionales nos da un suspenso total, remarcando nuestra posición por debajo de la media y sacándonos los colores al compararnos con los típicos países del norte de Europa.
La comprensión lectora es algo básico que parte del hecho de poder comprender con corrección un texto cualquier. Lo cual significa poder contextualizarlo, entender su contenido, ser capaces de explicarlo y razonar a partir de el, y por ultimo, poder derivar conclusiones del mismo.
La importancia de este hecho es capital para el buen funcionamiento del sistema, sobre todo cuando el 80% de los contenidos que nos afectan en la vida vienen derivados del texto escrito, por una u otra vía.
La productividad, el hecho de poder sacar el máximo partido posible de los recursos de los que disponemos parte de una buena comunicación, de un buen entendimiento de nuestro entorno, de una buena disposición a explicar las cosas correctamente… La productividad, por tanto, está en estrecha relación con la habilidad de comprender correctamente la información que diariamente tenemos que trabajar de una manera u otra.
Hay tres razones fundamentales por las que la comprensión lectora en este santo país es tan escasa. Espero cubrir todos los flancos:
- Una de las razones es por la contextualización. La falta de empatía, o el egoísmo propio, es una lacra a la hora de ponernos en piel ajena, y por tanto, poder contextualizar correctamente un texto (o cualquier otra cosa). Nos cuesta pillar la ironía o el sarcasmo. Nos cuesta razonar en otros términos y, por tanto, reconocer la razón de otros. Los prejuicios forman la base de nuestra forma de aproximación y, por tanto, la comprensión se filtra de una manera casi imposible de solventar.
- La segunda es la educación. Hasta los 16 años obligamos a los estudiantes a dar asignaturas como Lenguaje y literatura. ¿pero qué se da en esa asignatura? Bajo mi experiencia, correcciones interminables, fútiles e improductivas de oraciones y oraciones con el único propósito de saber diseccionar lingüísticamente cualquier tipo de oración. Bien, sí, pero eso no tiene nada que ver con la comprensión lectora, basada en textos y en ideas. Lo poco que se da, se da rápido y mal. En segundo de bachiller, obligados por un examen de selectividad que hay que pasar. Basando todo objetivo en saber resumir de cualquier manera y encontrar “la tesis” del texto. Nada de ¿qué te sugiere? O ¿qué interpretas? Preguntas con respuestas más complejas, igualmente valorativas pero que necesitan más trabajo en su análisis.
- En tercer lugar, como no podía ser de otra manera, el bajo nivel de lectura es peligroso. Los que leemos, leemos mucho, y los que no leen, no leen nada. Así que las medias no sirven de nada. Aquí el problema no es que la media sea baja, sino que hay un gran porcentaje de población que no lee NADA, NUNCA. Novelas, ensayos, artículos… todo vale, y cuanto más variado mejor. Pero el cerebro es un musculo más (el gran olvidado) y si no lo ejercitamos se aletarga. Si no lo instruimos no sirve de nada. Si no leemos, no podemos, después, pretender saber leer. Por saber leer no es solo saber decir lo que está escrito. Saber leer es saber comprender.
España no comprende tanto como otros países. No podemos pretender ser mejor que ellos.
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jueves, 4 de agosto de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Democracia Real Ya!
Creo que me siento en la obligación de dar mi opinión en un acontecimiento que puede o no significar un cambio o el inicio del cambio de un sistema democrático demasiado bloqueado como para ser tomado en serio.
Mi opinión es compleja, o al menos no es tan simple como una rotunda afirmación o negación en el apoyo de lo que es un movimiento social en muchos casos esperado. Intentaré responder poco a poco.
La forma me parece del todo correcta. De momento, y hablo de un tiempo a esta parte, las cosas se han hecho como debían hacerse. Tal es así que puedo resumirlo de esta forma: No sé si esto cambiará algo, pero sé que si algo puede cambiarse, comienza por algo así.
Desde las actuaciones pacíficas, las reuniones públicas y multitudinarias, revindicando la tranquilidad y la unión de todo tipo de personas.
Pero ahora mismo el problema es que la forma va a ir perdiendo calado. Ya no va a impactar tanto ver a jóvenes sentados y durmiendo en la Plaza del Sol y otras plazas de España, sobre todo después de que la policía lo permitiera esta noche. Lo que tiene que ir cobrando protagonismo, poco a poco, es el fondo.
Si la forma no se adapta para que el fondo tenga un verdadero protagonismo y una verdadera posibilidad de acción, no se conseguirá nada.
Creo que lo mejor que puede definir la forma en que se tiene que encauzar todo esto es, ni más ni menos, el título y eslogan del movimiento: Democracia Real Ya.
Si leemos los panfletos del blog o la web vemos que tienen muchas más reivindicaciones. Pero estas tienen un carácter ideológico del que, a pesar de que quieren autodenominarse plurales, no puede obviarse su marcado carácter de izquierdas.
En este aspecto, como militante de un partido de izquierdas , no puedo sino apoyar sus reivindicaciones y dar mi apoyo de la mejor forma que sé, instando a esas personas a que acudan a los partidos que mejor puede defender sus ideas. Participar con ellos. El cambio político se debe hacer desde la política. Sobre todo, y también, por respeto a otras formas de pensamiento, más liberales que, si bien no comparto, debo y debemos respetar.
Entonces, ¿Qué deberían reivindicar?
Lo que se dice es que ni siquiera los partidos de izquierdas son participes de una democracia real. Y les doy la razón. Es eso, en su ámbito más neutral, organizativo y esquelético lo que hay que cambiar. La democracia en sí.
Las propuestas deben de centrarse en el cambio de la Ley D’hont, que aleja a los partidos minoritarios de su verdadera demanda poblacional. EL cambio a un sistema como los del norte de Europa, en donde gracias a firmas y referéndums se puede cambiar leyes o proponerlas, o vetarlas. Donde el pueblo es el que, al final, tiene la última palabra.
Debemos pedir un sistema donde por ley no puedan presentarse a las elecciones nadie que haya sido imputado con cargos. Un sistema donde la información pública sea pública (de todo tipo). Un sistema donde los políticos sean más participes con el ciudadano, con más debates en televisión, menos manipulación. Un sistema judicial que no esté politizado, en todos los sentidos.
Hay muchas propuestas de este tipo, casi del todo respaldables por cualquier persona con algo de lógica que defienda un sistema libre, democrático, objetivo y positivo.
Un cambio que debe venir, por muchos lados de nuestra sociedad, incluso por lideres o partidos ya instaurados que llevan tiempo pidiéndolo.
Me remito a un tweet de Purnas: "NI hay solo dos sindicatos, ni hay solo dos partidos. Los hay que ya estaban en la calle. De verdad, os lo juro."
Por eso espero que los jóvenes y no tan jóvenes que reivindiquen el cambio den protagonismo de forma organizada a su fondo:
- Aclarando sus reivindicaciones.
- Que estas se centren en lo que debe perseguir la Democracia Real.
- Que no se encierren en si mismos. No todos son iguales, ni todos van contra ellos. Cuanto más abiertos sean a escuchar y a dejarse apoyar antes se convertirán en el disparo que mejoró el sistema. Y dejaran de ser solo "unos pocos" cabreados con el sistema.
Mi opinión es compleja, o al menos no es tan simple como una rotunda afirmación o negación en el apoyo de lo que es un movimiento social en muchos casos esperado. Intentaré responder poco a poco.
Forma
La forma me parece del todo correcta. De momento, y hablo de un tiempo a esta parte, las cosas se han hecho como debían hacerse. Tal es así que puedo resumirlo de esta forma: No sé si esto cambiará algo, pero sé que si algo puede cambiarse, comienza por algo así.
Desde las actuaciones pacíficas, las reuniones públicas y multitudinarias, revindicando la tranquilidad y la unión de todo tipo de personas.
Pero ahora mismo el problema es que la forma va a ir perdiendo calado. Ya no va a impactar tanto ver a jóvenes sentados y durmiendo en la Plaza del Sol y otras plazas de España, sobre todo después de que la policía lo permitiera esta noche. Lo que tiene que ir cobrando protagonismo, poco a poco, es el fondo.
Si la forma no se adapta para que el fondo tenga un verdadero protagonismo y una verdadera posibilidad de acción, no se conseguirá nada.
Fondo
Creo que lo mejor que puede definir la forma en que se tiene que encauzar todo esto es, ni más ni menos, el título y eslogan del movimiento: Democracia Real Ya.
Si leemos los panfletos del blog o la web vemos que tienen muchas más reivindicaciones. Pero estas tienen un carácter ideológico del que, a pesar de que quieren autodenominarse plurales, no puede obviarse su marcado carácter de izquierdas.
En este aspecto, como militante de un partido de izquierdas , no puedo sino apoyar sus reivindicaciones y dar mi apoyo de la mejor forma que sé, instando a esas personas a que acudan a los partidos que mejor puede defender sus ideas. Participar con ellos. El cambio político se debe hacer desde la política. Sobre todo, y también, por respeto a otras formas de pensamiento, más liberales que, si bien no comparto, debo y debemos respetar.
Entonces, ¿Qué deberían reivindicar?
Lo que se dice es que ni siquiera los partidos de izquierdas son participes de una democracia real. Y les doy la razón. Es eso, en su ámbito más neutral, organizativo y esquelético lo que hay que cambiar. La democracia en sí.
Las propuestas deben de centrarse en el cambio de la Ley D’hont, que aleja a los partidos minoritarios de su verdadera demanda poblacional. EL cambio a un sistema como los del norte de Europa, en donde gracias a firmas y referéndums se puede cambiar leyes o proponerlas, o vetarlas. Donde el pueblo es el que, al final, tiene la última palabra.
Debemos pedir un sistema donde por ley no puedan presentarse a las elecciones nadie que haya sido imputado con cargos. Un sistema donde la información pública sea pública (de todo tipo). Un sistema donde los políticos sean más participes con el ciudadano, con más debates en televisión, menos manipulación. Un sistema judicial que no esté politizado, en todos los sentidos.
Hay muchas propuestas de este tipo, casi del todo respaldables por cualquier persona con algo de lógica que defienda un sistema libre, democrático, objetivo y positivo.
Un cambio que debe venir, por muchos lados de nuestra sociedad, incluso por lideres o partidos ya instaurados que llevan tiempo pidiéndolo.
Me remito a un tweet de Purnas: "NI hay solo dos sindicatos, ni hay solo dos partidos. Los hay que ya estaban en la calle. De verdad, os lo juro."
Por eso espero que los jóvenes y no tan jóvenes que reivindiquen el cambio den protagonismo de forma organizada a su fondo:
- Aclarando sus reivindicaciones.
- Que estas se centren en lo que debe perseguir la Democracia Real.
- Que no se encierren en si mismos. No todos son iguales, ni todos van contra ellos. Cuanto más abiertos sean a escuchar y a dejarse apoyar antes se convertirán en el disparo que mejoró el sistema. Y dejaran de ser solo "unos pocos" cabreados con el sistema.
lunes, 2 de mayo de 2011
La izquierda tiene que renovar su ideario económico.
Que la izquierda está perdiendo fuelle en el panorama político es algo que pocos pueden negar. Actualmente todos los países de Europa parecen ir tendiendo hacia el voto de la ultra derecha, y en España la cosa pinta bastante parecida.
Lo raro no es que pierda fuelle el partido de turno en un país que acaba de ser azotado por una crisis, sino que la victoria se abalance más por el lado de la derecha que por el de la izquierda, sobre todo cuando la gran crítica a la crisis se hacen desde argumentos de izquierda.
El problema es que, dentro de las entelequias clásicas que todos los políticos nos venden, la izquierda sigue representando toda una serie de críticas y posturas que hace tiempo que no llevan a nada.
La renovación es obligatoria, y espero que en los próximos cinco años que se nos vienen la izquierda (y no solo la española, pero esta encarecidamente, pues es la que me atañe) recobre con fuerza el camino por el que discurre su base política y su visión del mundo.
Hay que dejar de utilizar la economía para generar slogans y dichos que desinformen a la sociedad. Hay que dejar de criticar a los políticos o a los funcionarios por sus “altos salarios”.
Por dos razones: En primer lugar, porque no son todo lo altos que deberían ser y, en segundo lugar, por que bajarlos no reportaría un ahorro sustancial. Debemos dejar de pensar en quitar ministerios o privilegios a los políticos porque con ello no conseguimos realmente nada. NADA.
Debemos pensar más a lo GRANDE. Dejarnos de tonterías estúpidas que colean y pegan muy bien pero que no sirven de nada. Debemos pensar en cambiar todo el sistema organizativo del sector público: Menos burocracia. Más control organizativo. Más objetivos y proyectos basados en el largo plazo y la eficiencia técnica. Un sistema de funcionariado que no se base en unas oposiciones puramente memorísticas para realizar luego un trabajo mecánico y automático.
Debemos de dejar de colar críticas a unos bancos que siguen impunes a cualquier insulto que, creas, puedas lanzarles.
Debemos ser conscientes de la realidad impositiva. La izquierda no puede seguir coreando una subida de impuestos si estos no generan un aumento de la recaudación. Hay que impulsar más inspectores, y aumentar las multas por evasión fiscal.
Debe ser la izquierda la que se debe adueñar del argumento de la eficiencia en el sector público. Nadie sino el que tiene un sueño, y el que cree en la función de todo el entramado público, puede ser el que defienda y luche porque funcione de verdad. Nadie sino alguien de izquierdas como yo puede estar más cabreado con todas las ineficiencias que se pueden generar de lo que, bien hecho, tiene que servir para mejorar el sistema económico.
Debemos luchar por cambiar el sistema productivo desde la base. Con horarios diferentes, europeos. Con niveles de vida (no en cantidad, sino en calidad y en forma) diferentes.
Debemos saber contextualizar al ciudadano medio. Hacerle saber que ahora está en Europa, con todo lo que eso conlleva. Y que ahora el centro de las decisiones políticas se basa en la asignación eficiente de unas necesidades cada vez más particulares, diseñadas desde las comunidades autónomas.
La izquierda debe defender la libertad cultural y religiosa. El laicismo no es ausencia de religión, o no debe serlo. Sino la defensa y la comprensión de la convivencia entre todas las formas de pensamiento. No abandonar el planteamiento religioso o ideológico, sino utilizarlo bien. Pues la ideología no es una forma sesgada de explicar el mundo. Es una forma subjetiva, particular y humana de ver el mundo.
La izquierda debe abandonar la pretensión de mantener a ciudadanos asqueados con un sistema que no entienden y con el que están cabreados. La izquierda debe explicarles a estos las verdaderas opciones viables desde la izquierda. Sin filtros utópicos. Y a quien no le guste que se vaya solo a los mundos de yupi.
La izquierda debe dejar de mantener y financiar todo aquellos que no sea útil u objetivamente necesario. La cultura hay que mantenerla, pues los valores que ostenta están más allá de lo que una valoración privada puede encontrar. Pero eso no es escusa para mantener organizaciones que se lucren de su poder único. La cultura debe ser ante todo, una forma de expresión. No una forma de hacer dinero.
La izquierda comete tantos, tantísimos errores en su propio ideario, que a veces es difícil pensar en su resurgimiento. Sé que hay una gran diferencia entre las opciones de izquierda y el laisser faire de la derecha. Y es que este último no tiene matices con los que jugar.
La izquierda sigue fraccionada porque el espectro que la mantiene es demasiado amplio. Y eso no es del todo malo. Pero cuando los objetivos de una verdadera izquierda no se corresponden con los objetivos que consigue, es hora de levantar la vista a la realidad y decir ¿qué estamos haciendo? ¿es esto lo que queremos?
lunes, 14 de marzo de 2011
Los tres problemas de la crisis social
Llevamos mucho tiempo de crisis económica, y el otro día, viendo los desencadenantes fundamentales de la crisis, uno se da cuenta de que lo que está en el fondo es una crisis social de la que, si no ponemos más remedios, nos va a costar salir mucho más que de la económica. Creo, realmente, que si no se soluciona la crisis social no podremos ponernos a la altura de otros países europeos.
¿A qué me refiero cuando hablo de crisis social?
Los he resumido en los tres puntos fundamentales que ocasionaron el agudizamiento especial de la crisis en España.
¿Y por qué son sociales y no económicos?
Pues porque toda economía se basa en la interrelación del comportamiento individual de personas que, en conjunto forman la sociedad. EL comportamiento económico depende, en gran medida, del comportamiento social.
1º Baja productividad.
Cuando uno lee en los periódicos que España es poco productiva uno ya piensa en valores económicos, producción media, coste del trabajador, pero de nuevo, lo que determina la productividad son otros valores como la educación o el capital humano.
El problema de España es que no apuesta por la educación de calidad. No valoramos el aprendizaje ni tenemos mecanismos que los valoren de la mejor forma posible. Me ha tocado estudiar en una universidad influida por los peores estudiantes y que ha rebajado cada vez más sus requisitos, donde se prima mucho más la cantidad que la calidad, basándose en indicadores inciertos de eficiencia educativa.
Los grados formativos están perdidos. Con profesores más exigentes que en la universidad pero con un escaso control académico. Se enseña poco y mal.
Estamos en un circulo vicioso en el que lo que prima es bajar los rendimientos académicos. Venimos de una época donde el albañil cobraba más que un recién licenciado, y estamos en una crisis donde lo más rentable parece ser quitarse títulos del curriculum porque “sobran”.
Las empresas no valoran la especialización pero todos padecemos de titulitis. Normal, en un país donde cualquier puede sacarse un master, aunque no tenga que ver con tu formación previa, ¿quién va a valorarlo? Y con lo que dan en las carreras, ¿quién va a querer a un recién licenciado?
Y queremos competir a nivel europeo instaurando el plan Bolonia, que de momento a traído: más alumnos por profesor, menos asignaturas, que se traduce en: quitar las difíciles y erradicar las especialidades -> Más masters.
Pero claro, solo de pensar en otro marco educativo, en otro cambio, ya se nos ponen a todos los pelos de punta, ¿Otro más? Esto redunda sobre todo, en la capacidad de nuestros políticos para llegar a acuerdos fructíferos para nuestro país: nula. Instaurados en un bipartidismo que sabe que, aunque pierda, volverá, y que, aunque imponga, se cambiará, cargado de una rivalidad que les beneficia. Por este lado, vamos mal.
Por no hablar de las prejubilaciones de los más experimentados en pos de aquellos que cobran la mitad. Todo un ejercicio de apuesta por los valores productivos.
2º Endeudamiento.
Cuando hablamos de educación, no solo hay que hablar de la gestión de los recursos académicos. También de que, como sociedad, le hemos perdido el respeto a “aprender”. La gente, jóvenes en su mayoría, se han acostumbrado a vivir la vida lo más rápido posible (y que nadie diga que esto no es nuevo, pues ese es otro problema, aquí ni los mayores se libran). Vivir la vida lo más rápido posible significa vivir sin preocuparse por el después.
Esto se traduce de muchas maneras según qué edad tengas. Pero, en general, hay un efecto económico claro que se ha ido gestando a lo largo de los años. Todos hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades. Todos nos hemos ido endeudando poco a poco, pensando en pagar mañana, y endeudándonos al día siguiente para pagar.
Y esto son matemáticas básicas. Si produces 100, y consumes 200, llegará el momento en que debas producir 150 para consumir 50, y devolver los 100. Y aquí ya podemos criticar al gobierno (que está de moda), pero la gran mayoría del endeudamiento es privado. Y hasta que la gente no se de cuenta de que tenemos que vivir unos años trabajando para nada, trabajando para generar una riqueza que se van a llevar otros (porque se lo debemos), en definitiva, hasta que la gente no deje de endeudarse, no saldremos de esta.
Lo que digo es algo que nos va a costar mucho asimilar. La gente, y ese es el problema, está acostumbrada a una vida que, honestamente, y aunque lo sintamos mucho, no nos pertenece. Debemos poner los mecanismos para producir a nivel europeo para poder vivir a nivel europeo. Pero no podemos querer vivir como los ricos si no generamos lo mismo que los ricos. La única forma de hacerlo es pidiéndole prestado a los ricos, pero ya sabemos que los cabrones luego nos van a inflar a intereses (lo que sucede ahora con la prima de riesgo no es nada nuevo).
Hay que cambiar el chip, y eso va a ser lo difícil. La gente no quiere ser como los chinos, aunque algo deberíamos aprender de ellos. Mientras nosotros somos los vividores, ellos son los ahorradores. Eso sí, luego nos quejamos con el vecino de que “nos invaden”.
3º Conciencia social.
Claro que aquí estoy hablando mucho sin saber como son en otros países. Todos debemos tener nuestros problemas pero en España son, en algunos casos, demasiado agudos como para dejarlos pasar como hemos venido haciendo.
Aquí padecemos de sabelotodismo. Aquí todo el mundo sabe de todo. Todo el mundo es ministro de economía, médico, juez, y físico. Y lo peor no es que hagamos comentarios en cualquier aspecto que no dominemos (faltaría más, cualquier puede aprender si le gusta, y cualquier puede opinar si tiene voz). EL problema es, realmente, creerse tan apto o tan listo como los especialistas. Lo vivo con la economía en mis propias carnes, pero también admito que se presta más fácilmente.
Y en esas estamos, y aquí el que no corre vuela. Recordemos que todo el bum se inicio por una burbuja de viviendas que se inflaba por unas expectativas creadas por los que compraban y vendían los pisos. Aquí siempre digo que tienen tanta culpa los ciudadanos como los bancos y que, siendo los bancos los entendidos tendrían que haber puesto freno. Pero es que el 3º punto es mas fuerte que cualquier freno. Aquí, seas quien seas, vas a por todas.
Todos estos timos de Rumasa, Afinsa y otros se basan en la simple verdad de que, vez tras vez, la gente cae, creyendo que va a poder lucrarse de la nada, porque es más listo o más rápido que los demás, más entendido.
Cuando hablamos de que hay dos Españas, estanos aludiendo, simplemente, a que el nivel de transigencia del rival es cada vez menor. Si no opina como nosotros, no solo es un cabrón ignorante, sino nuestro enemigo. Y seguro que todo lo que hace lo hace para joder y, qué coño, seguro que está a favor de ETA. Los políticos ni ayudan, es más, generan más violencia (no física, y puede que tampoco verbal, pero sí a niveles apreciables hasta por un niño de cinco años). Y el problema no es solo que permitamos ese comportamiento, sino que lo alimentamos.
Así que cuando preguntan, ¿Cuándo saldremos de la crisis? Uno debe preguntarse primero, ¿Qué crisis?
Y todo lo que estoy diciendo no significa que la salida esté más lejos. Lo que digo es que ni ponemos remedio a estos problemas característicos de España (y medio mundo), volveremos a estar en crisis en menos que canta un gallo.
Ki kiri -
martes, 21 de diciembre de 2010
Solución a la piratería
Apliquemos una solución para la piratería.
1º: Nos enmarcamos en un contexto de competencia perfecta. Ya que vamos a hacer nosotros la norma, la hacemos bien.
2º: En competencia perfecta, precio igual al coste marginal. P=C'
3º: Coste marginal de producir una unidad más de un bien no rival como es la cultura más coste marginal de distribuir un bien transferible por internet = 0 + 0 = 0
4º: Aplicamos la regla -> P=C'=0
5º: Precio igual a cero. Descargas gratuitas.
6º: La piratería se soluciona proponiendo descargas gratuitas.
Problema: Beneficios de los productores negativos
Solución: Creación de bien dañado, el gratuito, diferenciado del de pago por una funcionalidad menor.
7º: Se comercializa el mismo bien que es gratuito por internet de forma física, para coleccionista, firmado, con extras (físicos), etc.
8º: Precio: El de mercado. Si el precio es muy alto, todos querrán el bien dañado. La cultura ofrece bienes diferenciados: competencia semi-monopolistica.
Problema: Algunos proyectos no son eficientes ni viables.
Solución: Los que no son eficientes no se hacen. Si algo no lo quiere nadie no se hace. Si algo no lo escucha nadie no se hace. Si algo no vende no se hace. La cultura que sirva de mecanismo de enriquecimiento no se hace, pues no es cultura, es negocio.
PD: por los comentarios, creo que tengo que hacer alguna puntualización. En primer lugar, estoy aplicando la teoría pura y dura, y no introduzco ninguna consideración más allá de la teórica. En segundo lugar, creo que ya existen ejemplos que se adecuan al sistema que propongo, por lo que no es del todo irreal, aunque no tengamos la visión para verlo. Tenemos Spotify, en donde nos dan la música de forma gratuita, pero como un bien dañado, es decir, con publicidad y con la imposibilidad de bajarte las canciones. Y en EEUU creo que pasa lo mismo con HULU, donde puedes ver las series en streaming.
1º: Nos enmarcamos en un contexto de competencia perfecta. Ya que vamos a hacer nosotros la norma, la hacemos bien.
2º: En competencia perfecta, precio igual al coste marginal. P=C'
3º: Coste marginal de producir una unidad más de un bien no rival como es la cultura más coste marginal de distribuir un bien transferible por internet = 0 + 0 = 0
4º: Aplicamos la regla -> P=C'=0
5º: Precio igual a cero. Descargas gratuitas.
6º: La piratería se soluciona proponiendo descargas gratuitas.
Problema: Beneficios de los productores negativos
Solución: Creación de bien dañado, el gratuito, diferenciado del de pago por una funcionalidad menor.
7º: Se comercializa el mismo bien que es gratuito por internet de forma física, para coleccionista, firmado, con extras (físicos), etc.
8º: Precio: El de mercado. Si el precio es muy alto, todos querrán el bien dañado. La cultura ofrece bienes diferenciados: competencia semi-monopolistica.
Problema: Algunos proyectos no son eficientes ni viables.
Solución: Los que no son eficientes no se hacen. Si algo no lo quiere nadie no se hace. Si algo no lo escucha nadie no se hace. Si algo no vende no se hace. La cultura que sirva de mecanismo de enriquecimiento no se hace, pues no es cultura, es negocio.
PD: por los comentarios, creo que tengo que hacer alguna puntualización. En primer lugar, estoy aplicando la teoría pura y dura, y no introduzco ninguna consideración más allá de la teórica. En segundo lugar, creo que ya existen ejemplos que se adecuan al sistema que propongo, por lo que no es del todo irreal, aunque no tengamos la visión para verlo. Tenemos Spotify, en donde nos dan la música de forma gratuita, pero como un bien dañado, es decir, con publicidad y con la imposibilidad de bajarte las canciones. Y en EEUU creo que pasa lo mismo con HULU, donde puedes ver las series en streaming.
Ley Sinde
Uno no puede dejar de ver la incoherencia que se le está acumulando al gobierno socialista. Es algo que ellos mismos deberían al menos estudiar por que se les está yendo de las manos cualquier sector de la población a prueba de ir jodiendolos fuerte y consistentemente.
Resulta que ahora el gobierno, desde el ministerio, podrá dar ordenes de cerrar una web. Claro, que ver a la señorita Sinde decir que eso no dañará la libertad de expresión de los blogs normales, pues como que a uno le tranquiliza poco o nada.
Porque nos encontramos en un país donde, por un lado, se criminaliza el acto de la piratería, y por otro se cobra un canon suponiendo que todo el mundo es pirata. El hecho de que se junten las dos cosas a la vez es como si la policía, además de buscar a los ladrones, nos cobraran a todos un impuesto especial por suponer que robamos en los establecimientos. Un estado democrático y libre, si señor, donde la presunción de inocencia es bien instaurada.
Pero, como siempre, se equivocan. Aquí los piratas seguiremos robando material con copyright. Y lo haremos porque unos tíos amateur son más rápidos subiendo películas y series a la red con sus subtítulos en castellano que cualquier distribuidora legal. Lo haremos porque, gracias a esta libertad, cualquier cosa puede ser intercambiada y compartida en el mundo, y no tenemos que depender de acuerdos comerciales, modas o productos de tan escasa demanda que jamás serán traídos de forma oficial. Lo haremos porque los productos tienen un sobre coste excesivo que no justifica lo que aporta. Lo haremos porque no nos da mal cargo de conciencia, al no ser un robo per se. Lo haremos porque ya no nos creemos cualquier difusión engañosa sobre datos falsos que solo inciden en el beneficio de unas mafias, y que no habla de lo verdaderamente importante, la cultura (que está muy viva). Y sobre todo, lo haremos porque podemos. Porque somos más listos. Porque cuando cierre una web abrirán otra. Porque internet es más rápido que cualquier acción de un ministerio inútil y arcaico. Porque somos más listos y llevamos más tiempo aquí metidos.
Esto no fastidia tanto al acto de piratería en si, que permanecerá en la red, pues de ello se sustenta. Esto fastidia a las libertades de todos aquellos que no creen que les vaya a afectar y que, más tarde, se darán con el canto en las narices.
martes, 16 de noviembre de 2010
Y tras acabar la licenciatura, ¿qué?
Han pasado ya unos meses desde que acabamos la licenciatura y uno puede hacer una perspectiva general de la situación viendo donde ha ido acabando cada uno. La cosa está muy jodida, y no sólo por la crisis, que lo agrava todo, sino por la situación estructural que hemos ido gestando (la cual agrava aun más la crisis, todo se relaciona).
Mi caso particular, puedo decir, es el más positivo de los cuatro que voy a comentar (todos licenciados en economía). Fuimos varios los que, tras acabar, continuamos los estudios de posgrado en un master de la misma universidad, un master algo más trabajoso pero mucho más barato que la media y con perspectivas futuras muy abiertas, que van desde el doctorado hasta cualquier ámbito profesional (de la economía, claro). No me puedo quejar.
El problema viene con los otros caminos.
Otra gran parte de los licenciados prefirieron dedicarse a estudiar para presentarse a futuras oposiciones. El caso que conozco, se ha pegado unas diez horas estudiando todos los días.
Cuenta mucho el factor psicológico, pero la crisis ha afectado mucho en este aspecto. En primer lugar, no hay unas perspectivas muy grandes de que en un futuro cercano haya muchas plazas, la competencia no sólo es muy feroz, sino desconocida. No sabes cuando competirás.
Como una carrera de fondo donde no sabes cuando podrás terminar, o siquiera si hay una meta.
El temario es puramente memorístico, llegando a desesperar a los que como yo ni nos lo planteamos por dicha razón. Finalmente, ha dejado la academia donde le guiaban en el proceso de estudio y se ha metido en el mismo master que hago yo.
El tercer caso es el de otra persona que tambien ha decidido continuar sus estudios con un postgrado. Un master que, por el precio, tiene regalo. Trabaja por las mañanas en un banco que le paga el master. Ocho horas no “remuneradas” (realmente si lo están, en especie) por la mañana, y cuatro del master por la tarde. Sus primeros comentarios han sido muy negativos, aludiendo a que realmente no le enseñan nada de provecho y que está bastante cansada de la situación. Mientras está buscando trabajo en otros sitios para poder dejar lo que está haciendo y cobrar dinero.
El cuarto es aun más frio. Tras buscar empleo y no encontrar, está cursando un cursillo del Inem. Sin buenas perspectivas de encontrar empleo en un futuro.
Por un lado, unas oposiciones sin meta, que se llevan un gran porcentaje de gente. Gente que dedica muchos años en estudiar y que, por pura estadística, no va a encontrar plaza. Estamos dedicando un gran esfuerzo de estudio para absolutamente nada. Tochos y tochos de libros que se meten en la cabeza para desempeñar un trabajo que en muchos casos es mecánico, y en otros no llega a realizarse. Estamos, por tanto, desperdiciando tiempo y dinero.
Por otro lado, padecemos la llamada “titulitis” y es que todos nos creemos, (y es así) que hoy en dia sin Master ya casi no eres nada (obviamente, con los grados esto es así al 100%). Lo cual nos lleva a seguir estudiando para poder poner en el curriculum más títulos, pero con un aumento del aprendizaje casi nulo.
Por que da igual que nosotros valoremos los títulos, o las empresas. Lo que importa es la productividad real final, y en muchos casos, los masters no sirven para eso. Son meros procesos de estudio, no de aprendizaje, que se ganan una buena pasta en generalidades.
Finalmente, el empleo está mal. No sólo porque sea precario, sino por que no hay un respeto al trabajador.
Creo que todos somos conscientes de que vamos a empezar cobrando poco y trabajando mucho. Y todos estaríamos dispuestos a pasar por el aro si supiéramos que es un mero trámite, un proceso natural. Pero vivimos en una época donde, bajo la experiencia de la realidad, cobrar mal y trabajar mucho, pudiendo ser despedido en cualquier momento, es una situación que repercute no sólo en los primeros años. No hay ganas, por tanto, de mejorar, porque tampoco nos dejan.
Estamos desperdiciando nuestros mejores años de formación. Pero aquí solo se habla en términos monetarios, de aumentar el I+D, etc. Nadie hace nada realmente por cambiar la situación, y si no lo hacemos, países como Alemania se seguirán riendo de nosotros.
lunes, 8 de noviembre de 2010
En búsqueda de la igualdad
Amartya Sen distingue las diferentes teorías económicas a través del propósito de la búsqueda de la igualdad, según sobre qué se busque.
Por ponerlo sencillo, los socialistas buscarían igualar las rentas mientras que los liberales buscarían igualar las libertades o derechos.
Esta distinción es muy importante porque sustenta toda la base del estudio, sobre todo por que se basa en la idea de que, a pesar de lo que se pueda pensar, todos los hombres son distintos.
Desde sus características, que definirán entre otras cosas su productividad o aquello a lo que se dedicará en un futuro, hasta sus gustos, que determinaran aquello que perseguirán. Pero no es solo eso, sino sus aptitudes para los negocios (desde acuerdos hasta la búsqueda de información), de integrarse en el proceso social, de entender los mecanismos institucionales, etc. Todo un conjunto de procesos que a menudo no se estudian que pueden determinar o clasificar la sociedad o limitar a aquellos que están en un estado de desigualdad.
La pobreza, de hecho, no solo hay que estudiarla desde el ámbito puro de los términos relativos o absolutos de la renta percibida, sino desde el hecho de que le resta oportunidades para socializar a la persona. La pobreza limita las capacidades de las personas y les impiden en cierta manera escapar de una situación que succiona con fuerza las vidas de los menos afortunados.
Es decir, para buscar la igualdad de oportunidades, o la igualdad de libertades, debemos partir de una situación de igualdad en la capacidad de los individuos de hacer uso de esas libertades. De nada me sirve tener la capacidad y las ganas si no dispongo de la oportunidad de intentar hacer algo.
Creo que puede existir una escala de diferentes objetivos sociales por la que para conseguir la igualdad de uno de ellos se deba tener previamente cierta igualdad de otro de ellos.
martes, 19 de octubre de 2010
Presión social. Podemos y no queremos.
Recomiendo este artículo de LaInformación, donde exponen las diferencias entre España y Francia que repercuten en las diferentes formas de presión social que hemos llevado a cabo.
Decía hace tiempo que la única manera de mostrar algo de presión es haciendo las cosas con rigor y eficiencia. Los franceses al menos lo intentan, aunque Sarkozi siga adelante con la reforma.
En primer lugar, las manifestaciones no se convocan para un par de meses hacia delante, como si fuera una “cita” a la que acudir o no. Se negocia servicios mínimos, se da tiempo a todas las partes de ir lavando el cerebro y luego se hace la pantomima. Así, desde luego no hay manera.
En segundo lugar, no podemos hacer una huelga de un solo día, decir después que se ha ganado y irnos todos para casa. ¿Qué ha cambiado? ¿Para que sirvió? Hay que ser realistas, y si de verdad crees que tienes fuerza seguir presionando, y si no, reconocer tu derrota.
Y la culpa no sólo es de los que llaman a la huelga, en este caso sindicatos, si no de todas aquellas personas que luego no actúan. Las que piensan, ¿Para qué?, un pensamiento que sirve igual que, ¿Para qué votar? La culpa es de la gente que no quiere participar en la política, desde su posición de ciudadano, sin saber que al no hacerlo está haciéndolo de todas formas.
domingo, 17 de octubre de 2010
El 20% de la población aragonesa es pobre
Cuando la gente nombra el paro como una de las mayores preocupaciones hoy en día, a todos nos parece lo más normal del mundo, rozando la tasa del 20% la cosa comienza a ser preocupante, pero lo que verdaderamente está detrás de miedo o la preocupación no es el paro, es la pobreza, y el dato es aun más alarmante.
Un 20% es mucho. Uno de cada cinco aragoneses. Algo alarmante y a lo que hay que poner solución YA.
En situaciones de igualdad redistributiva, las medias, y por tanto los canales macroeconómicos son algo más seguros de analizar y toquetear. Pero cuando el 20% de la población tiene unas diferencias notables con respecto a la media, cualquier dato sobre salarios medios, propensión al ahorro/consumo, etc sirven más bien de poco. El problema es más gordo de lo que parece, si es que el dato no es ya de por si bastante desalentador.
Necesitamos políticas pro-activas contra la pobreza y los sectores marginales de la población pero, ¿Quién lo hará? No es rentable.
La sociedad hemos decidido NO VER a los pobres. No existen en nuestra realidad, los hemos echado. Cuando vamos por la calle nos conocemos a la vagabundos como si fueran un parte más de la ciudad. Los barrios marginales están demasiados alejados de nuestros barrios y “es mejor no ir por ellos”, y las desgracias no nos preocupan tanto como las nuestras (por muy nimias que sean) por lo que, sí, la sociedad pobre no está en nuestras conciencias.
¿Cuánto estaría usted dispuesto a pagar por la erradicación de la pobreza, directamente de su bolsillo?
Y si los políticos no creen que arreglar la pobreza tenga una fuerza electoralista (por que lo veamos importante) y el sector marginal de la población es de los menos participes en la política activa, ¿Por qué demonios iban a gastar dinero y esfuerzo en políticas de tan largo plazo que no serian agradecidas por nadie, pudiendo vender su imagen de otra forma?
Si llevamos años intentando hacer lo del 0,7% del PIB para los países pobres y no lo cumple nadie. Lo que no vemos no existe, y lo que no existe no merece la pena mejorar. Ya esté en África o en la calle de enfrente.
Gran problema el que tenemos.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Manifestación en Zaragoza. 29S
Tengo que reconocerlo, yo no iba a ir a la manifestación en Zaragoza, pero el destino, y la única y pequeña parcela reivindicativa de mi tranquila forma de ser, me lo pedían.
Así que sin quererlo ni beberlo quedé sin pensarlo con uno de mis amigos y fuimos para allá.
Hay varias cosas a destacar, positivas y negativas.
En primer lugar, el hecho de que hubiera dos (o según me enteré después, tres) manifestaciones diferentes no ayuda en el conteo de manifestantes y el baile de cifras y de participación será aun más divertido y rápido, algo así como un rock clásico, pero sin pareja.
El camino que tome yo, con La Unión General de los Trabajadores y Comisiones Obreras, saliendo de Plaza Paraíso hasta la Plaza del Pilar, era bastante suave. Había huecos, demasiada gente por las aceras mirando y poco (o nada) del griterío típico de una manifestación como el que sí había en la de OSTA, que se iba hacía la puerta del Carmen. Tan pacífica que más parecía una marcha o procesión (quizás de ahí que hubiera tantos espectadores). Pocos jóvenes, a los que supuestamente les atañen estos cambios, pocas ganas de reivindicar.
Y aun así, no sé, ha sido algo más de lo que esperaba. Sobre todo por la vuelta inicial que hemos dado al todo el centro, donde pensábamos encontrarnos cuatro gatos con dos pancartas gritando como locos, pero no, ha habido una afluencia aun mayor de la que, en principio, una podía llegar a creer.
Sin incidentes, sin altercados. Y sin banderas, pues no había nada que pudiéramos ponernos en plan reivindicativo.
El fallo, por tanto, que le veo, ha sido el protagonismo exacerbado de unos sindicatos que no tienen tanta simpatía como deberían. No ha sido una manifestación del pueblo, sino de los sindicatos, y quizás es por que estos son ya los únicos que intentan dar el último suspiro de una sociedad algo acomodada y pasiva, o quizás porque la gente realmente no creía que hiciera falta reivindicar nada.
Yo he ido, y he tenido que ir obligado por una conciencia que me dice que, si quiero quejarme de la situación, debo hacerlo de todas las maneras posibles, aunque sepa ya de antemano que esta huelga no vaya a tener la utilidad que debería.
Al llegar a la plaza del Pilar estaba cantando (o sonando) Labordeta, con su canto a la libertad, y han empezado a hablar los sindicatos, acto en el que nos hemos escabullido a cenar.
A todos los que critican las medidas de Zapatero, gracias por ir. En sentimiento, digo.
De huelgas y piquetes.
Yo sé que me muevo entre el centro y el extremo, y a veces es difícil entenderme.
Ya dije hace unos días que prefería una huelga indefinida por su mayor efectividad y riesgo.
No voy a meterme en el derecho a la huelga, que lo tienen todos los trabajadores, y que y se entiende como algo normalizado sino con (lo que ahora está de moda, fíjate que ironía) el derecho de trabajar y los piquetes.
Las huelgas son para mostrar la disconformidad extrema intentando paralizar el país, demostrando que, en definitiva, el pueblo tiene el poder, luego ya los bailes de cifras nos dirán si es un pueblo minoritario o representativo de la sociedad, pero esa es la base.
Y hoy nos van a abundar con imágenes de piquetes gritando a los trabajadores, impidiendo la entrada de negocios, rompiendo cristales y tiendas, etc (ya han aparecido).
Y contra esto debo volver a decir algo. Las jugadas deben ser con inteligencia, pero también con respeto. Respeto a aquellos como nosotros que son libres de decidir. Y lo digo porque hay otras maneras de sobrepasar tus ámbito de trabajo para seguir paralizando el país sin tener que meterte de lleno, directamente, con una persona en particular, como con la paralización del transporte, la silicona en los cerrojos, cortar calles/carreteras…
El problema es que hay siempre el que se excede y utiliza la huelga para hacer lo mismo que hace cuando gana su equipo favorito (o pierde), y el problema también es de los que extrapolan la huelga a los pocos incidentes de este tipo.
Actualizamos: Algo interesante es ver el seguimiento de la huelga a través de indicadores más objetivos, de indole económica, como el consumo electrico, que ya es como el de un día festivo.
Aquí un link para ver esta diferencia entre el consumo previsto y realizado. Y una imagen de la situación a las 12:00 a.m. La linea verde es la prevista, la normal, y la amarilla la realizada.
martes, 28 de septiembre de 2010
Hombre Vs máquina.
Hoy, comprando en el Simply, he estado en la disyuntiva de pagar en la cajera de toda la vida o probar el sistema de autopago (probado ya en Londres con desastrosas consecuencias). A la vez, me he planteado una cuestión bastante antigua. ¿Qué pasa con el empleo cuanto capitalizamos el sistema?
Esta pregunta fue base de muchas quejas cuando se empezó a capitalizar el sistema agrario, diciendo que las máquinas quitarían trabajo al hombre. Y lo cierto es que en la batalla entre el hombre y la maquina tenemos las de perder en el plano competitivo, y el único reducto a largo plazo es la de la propia construcción de las maquinas (Hasta que estas tomen el poder y se hagan a si mismas [/modo friki]).
En el pasado, los malos augurios no fueron tales. Los trabajadores que se liberaron encontraron otros trabajadores para satisfacer necesidades nuevas, y la maquinaria apoyo el crecimiento económico. Producíamos más, por que había más capacidad productiva, y más necesidades para cubrir.
Pero surge otra pregunta, ¿Son estas necesidades infinitas? ¿Qué pasará si se acaban y toda su satisfacción se realiza mediante máquinas? Si, hablo de un futuro muy imaginativo, pero es un extremo, o si nos ponemos más técnicos, una posible tendencia.
En los pueblos, cuando ya no había trabajo para hacer, uno se iba a la ciudad. ¿A que mega-ciudad iremos?
Si los trabajadores que son reemplazados por máquinas no encuentran nuevos trabajos, no pueden dedicarse a la provisión de otros servicios, ¿Qué harán/haremos? ¿Cómo ganaran dinero? ¿Dependeremos unicamente de las producciones meramente humanas, como el arte, el conocimiento...? Y sobre todo, ¿Por qué estoy siendo tan agorero?
jueves, 16 de septiembre de 2010
De huelgas y mecanismos sociales
El sistema democrático no es perfecto, en tanto en cuanto son unos dirigentes los que, a priori, toman las decisiones, mediante una representación del pueblo que puede ser más o menos acertada. Es en esos casos, cuando no es acertada, cuando nos preguntamos sobre las posibilidades sociales para forzar al gobierno a hacer lo que realmente queremos, pues no hay que olvidar que el gobierno como tal no es sino la institución para la toma de decisiones en conjunto.
Existen mecanismos para que por medio de firmas se fuerce a realizar referéndums a nivel nacional, si bien en países como Suiza esto es más conocido, en España es un instrumento muy perjudicado por los engorrosos requisitos que dificultan su utilización.
Pero puestos en harina, uno echa un vistazo a las huelgas, el mecanismo más directo de coacción ciudadana.
Bajo mi propia opinión, las huelgas de un solo día individual no tienen sentido, salvo para hacer ruido. El día 29 habrá mucha gente, o poca, que no irá a trabajar, pero el día 30 todo seguirá igual. La gente se habrá desahogado y los periódicos harán un baile de cifras del que luego nos reiremos todos en nuestro programa de televisión favorito.
En este caso confío más en las huelgas indefinidas, o si acaso en el anuncio de ellas (como ya pasó con los controladores, el lío fue monumental).
Es como hacer una huelga de hambre. Nadie en su sano juicio haría una huelga de hambre de un día, pues no serviría de nada. Hoy en día, me temo es parecido.
Claro que las huelgas indefinidas son más brutas y más costosas, pero de esos se trata, de plantar encima de la mesa la disconformidad de un pueblo sobre una acción que no se quiere poner en discusión pública.
Creo más en la democracia directa. En los mecanismos que fuercen al estado a realiza referéndums que otorguen al pueblo el derecho de decidir por si mismo en cuestiones importantes. También creo en otro sistema electoral que no perjudique a los partidos más pequeños, y en los debates cordiales y en la seriedad del parlamento. Pero creer no significa que exista.
Así que, hasta que los gobernantes se decidan a crear un sistema democrático de verdad, utilizaremos lo que tenemos.
Sea la huelga un éxito.
lunes, 13 de septiembre de 2010
La empresa en régimen democrático.
Uno tiene un concepto de la empresa tan metido en la cabeza que a veces le es difícil pensar en otro, sin embargo, hay algo que siempre me ha resultado paradójico.
A pesar de que casi todo el mundo entendemos la dictadura como el peor sistema político posible, y la democracia, si bien no es perfecta, como el mejor de los sistemas posibles, las empresas se mantienen en regímenes basados en la estratificación jerárquica, muy parecido a lo que, en última instancia, sería una dictadura.
Es el hecho de ver mal a una dictadura, pero completamente normal el sistema empresarial actual, lo que me parece gracioso, y no el simple sistema. Obviamente tiene sus beneficios, en concreto que la gente más capacitada debe estar en los puestos altos tomando las decisiones, pero, ¿es esto realmente lo que está ocurriendo? Y, ¿No podríamos hacer algo distinto.
Hemos basado nuestros puestos intermedios en gente con masters sobre liderazgo y técnicas de ventas, en una titulitis desenfrenada, mientras los verdaderos jefazos eran gente normal y corriente, muchas veces llegados hasta allí por suerte, iniciativa, contactos, etc, pero no por una titulación. Otro resultado paradójico.
De vez en cuando salen noticias de pequeñas empresas de estilo más democrático, en donde las decisiones se toman en conjunto, donde los trabajadores obtienen su parte del beneficio de la empresa (y no sólo un reducido número de acciones para hacer la gracia). Obviamente están más motivados porque le dan valor a su trabajo ya que no sólo es llegar a un edificio a “hacer algo”, sino llegar para “crear o mover algo”, de forma colectiva, a través de su empresa.
En parte, se reduce la alienación del trabajador (famosa desde Marx), y digo yo, ¿no sería bueno que esto se generalizara?
No se trata de que todos influyan desde cero en una decisión, pues los entendidos en el tema no tardarían nada en explicar los pros y los contras a los trabajadores, pues toda decisión implica una diversidad de consecuencias. La ciencia económica no es algo completamente imposible de explicar ni a los más profanos.
En cambio, lo que hacemos es mantener una estratificación empresarial que, a su vez, mantiene el sistema económico necesario para que unos puedan decidir aquello que les reporta más beneficios utilizando a los trabajadores como meros factores productivos de los que disponer.
No digo que esto deba imponerse, pero creo que no sería muy perjudicial para el sistema si el gobierno beneficiara fiscalmente a empresas que se declararan con un sistema similar. No haría que las empresas cambiaran, pero si a que muchas de las nuevas decidieran o pensaran en una nueva forma de hacer negocios.
Diferencia de trabajo y salario en el contexto empresarial
Hay dos razones fundamentales que justifiquen el salario a recibir por tu trabajo. El esfuerzo y la responsabilidad.
Son dos conceptos clave que, mal llevados a la práctica, pueden poner patas arriba todo el sistema empresarial como, de hecho, está pasando.
Partamos de la idea de que toda empresa tiene una serie de trabajadores con escasa responsabilidad, pero que dedican toda su jornada laboral en el esfuerzo. Ya sea en una cadena de montaje en una agencia de asesoría, los empleados cobran X por hacer su trabajo.
Ahora bien, el mando intermedio es aquel que, ante los diferentes jefes (o mandos intermedios superiores) debe responsabilizarse del trabajo de los empleados. Ya sea porque entiende más del tema, para motivarlos, para marcar los objetivos, las pautas… el mando intermedio es la cara de sus trabajadores.
Como cabecilla, lo normal es que su sueldo sea más alto, pues no sólo es un avance en su carrera que debe ser incentivado, sino que la responsabilidad que ahora tiene debe ser recompensada.
Ahora bien, igual que en el futbol, en cuanto el equipo falla muchos partidos lo primero que hacen es echar al entrenador, en las empresas no funciona de esa manera, pues el mando intermedio tiene el puesto de trabajo incluso más asegurado que los trabajadores. Lo cual significa que su responsabilidad disminuye, y por tanto su responsabilidad injustificada.
Lo cual nos lleva a empresas llenas de mandos intermedios, pero sin ninguna responsabilidad, que se pasan la bola de unos a otros intentando justificar su existencia en una espiral de incompetencia.
Lo que quiero decir es que, la responsabilidad de los mandos intermedios no sólo debe trasladarse en mayor sueldo, sino en una mayor trabajo a evaluar, que en algunos casos estoy seguro de que se cumple, pero que en una gran mayoría no.
sábado, 4 de septiembre de 2010
La guerra sobre la disciplina fiscal
Palabras como responsabilidad económica tienen una gran conexión con otras como depresión económica o abultado déficit fiscal, base para la guerra abierta entre las dos tendencias económicas/políticas actuales.
Estamos en un momento crítico de la economía mundial, con unos países que empiezan a recuperarse pero con miedo a una recaída inminente, con el problema de abultados déficits y deudas públicas, que son también parte del problema inicial.
¿Debemos ajustarnos a disminuir los déficits en contra de crear estímulos que sigan empujando a la economía hasta que pueda ir por si sola? ¿O debemos seguir estimulando el sistema y dejar la disciplina fiscal para más tarde?
Creo que el problema ha sido aplicar un mal keynesianismo de base. EL gasto que no repercute en una mejora indirecta del sistema sino en un simple gasto que genera unas rentas de forma muy temporal no es una política positiva si, por debajo, no estamos realmente estimulando la economía.
Empujar la bici de tu hijo no es estimularle para que aprenda a montar, lo cual no quiere decir que no debas esforzarte, de otras maneras.
De nuevo, la izquierda ha perdido la batalla porque no ha sabido jugar sus cartas, y esto pasará factura en mucho tiempo. Si antes dominaba en neoliberalismo, y se creía que la cosa iba a cambiar, nada más lejos. Los gobiernos no han escuchado muchas de las propuestas de académicos, y han ido por lo fácil. EEUU, España y Japón, por ejemplo, dieron casi la misma cantidad, en torno a 400 euros a principios de la crisis, para potenciar la economía, tres países que ahora están en el punto de mira de los países más avanzados.
Así que sí, yo creo que hay que seguir aplicando estímulos. No estamos como para seguir estancados. Pero si eso significa seguir haciendo lo que estamos haciendo, entonces mejor no hacer nada.
La disciplina fiscal es lo óptimo en condiciones normales, pero esto no lo es. Aplicar fuertes restricciones no pueden hacer más que fastidiar aun más la economía europea. Pero todos seguimos mirando a Alemania, con un panorama muy diferente al nuestro, con una clara tendencia exportadora de la que carecemos. Y seguimos haciendo caso a los especuladores y agencias de rating, los mismos que hace dos años criticábamos a muerte por meternos en este lío.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
De iguales oportunidades y compartimentos estanco
En teoría económica se suele argumentar que en un sistema de competencia perfecta, libre de la interacción del estado, la asignación (o equilibrio) conseguido es lo más eficiente. Y que lo mejor para conseguir además una sociedad equilibrada es que esta parta de unos recursos distribuidos de forma igualitaria.
Pero, de nuevo, no todo es tan fácil. La economía no es siempre un juego de suma positiva, sino que tiene (aun) muchos elementos que hacen que la competencia cree un ganador y un perdedor. Y no podemos negar que la suerte y el caos pueblan toda la realidad que nos rodea.
La falacia de tener iguales oportunidades para poder ser iguales económicamente no me sirve.
Dos personas que jueguen una partida a cara o cruz tendrán las mismas posibilidades de ganar, un 50%, pero realmente sólo ganará uno. Si han apostado algo, no hay manera de que, tras una partida, la economía quede igualizada, y no habrá sido por méritos propios, sino por mera suerte.
Pero me temo que eso no es todo. Las posibilidades de ganar en el juego económico de tu vida aumentan cuanto más tienes, en tanto en cuanto los que más tienen siguen acaudalando más, y los que menos tienen están estancados en el vacío. Más dinero, más posibilidades.
Una vez que llegas a un estatus económico más elevado, los juegos tienden a dejar de ser suma cero. Los oligopolios no juegan para que una de las empresas pierda, sino para que todas puedan ganar, con lo que el riesgo económico disminuye, y por tanto sus ganancias aumentan.
Lo único que es esto es un modelo explosivo donde el diferencial aumenta por razones endógenas. E incluso si nos vamos al plano más “técnico” del asunto, donde son las productividades o la astucia la que crea estas diferencias, podemos partir de la suerte o mala suerte que tiene alguien por no ser tan productivo, o tan astuto.
Y la pregunta es simple, ¿Por qué se sigue así? Está claro que el juego está montado para que haya unos pocos ganadores continuos y una gran masa de población resguardada en diferentes compartimentos estanco de los que es difícil salir. Es difícil salir de la pobreza, es difícil dejar de ser de clase media y es difícil dejar de ser rico. Se hace, claro. Y ahí está la clave.
Siempre sale gente conocida que ha pasado de ser un don nadie a alguien con dinero por su esfuerzo continuo. Hay películas, libros, donde una historia épico y personal nos cuenta las vicisitudes de una persona por abrirse paso por el mundo real para llegar ser alguien. “Tú también puedes, sigue adelante.”
Porque la gente no odia a los que tienen más, los envidia, y quieren llegar a ser como ellos, por lo que nunca atacarán directamente su estatus, intentarán llegar a él, motivados por los contantes anuncios de una posibilidad existente. Pocas veces salen los datos negativos, de aquellos que estando arriba ahora están abajo, o de aquellos que lo intentaron y fallaron, para no desalentar a los que quieren probar suerte.
Pero la suerte no juega a favor de todos, y no podemos vencerla.
lunes, 30 de agosto de 2010
El sector de las telecomunicaciones. ¿Competencia perfecta?
Telefónica arremete en el sector de las telecomunicaciones con el deseo de cambiar el sistema de las tarifas planas por un sistema en el que paguen más los que más usen. Fíjense que la frase “paguen más los que más usen” no es enteramente equivalente a “paguen menos los que menos usen”. ¿Paguen más que qué? ¿Respecto a un servicio catastrófico comparado con otros países avanzados? Yo creo que no.
Telefónica no puede hacer lo que quiera porque, afrontémoslo, el sector no es de competencia perfecta, y no podemos pensar que el resto de las empresas vayan a intentar comerse a bocaos a la grande. Seguirán su mismo patrón, pero como hasta ahora, precios ligeramente más baratos. ¿Para qué ganar menos si puedes ganar más?
El sistema no se puede establecer en un dominio por parte de una empresa, porque le viene grande. Las telecomunicaciones ya no es un sector que ofrece un servicio, es un sistema entero por el cual se realizan actividades económicas y sociales como tales, es un sistema por el que se realizan servicios.
Es decir, es un sector que debe ser vigilado para mantener la neutralidad y la igualdad entre todos. La imposición no puede ser una opción y si lo es, lo que tendremos es una dictadura, no política, pero si, en gran parte, social.
Edito a 31/agosto. Yoigo ya se ha establecido del lado de Telefónica. Como decía ayer mismo, las demas compañias, más temprano o más tarde, acatarán la decisión de Tlefónica. Esto no es competencia perfecto. Es un oligopolio con un clarisimo lider de mercado. ¿Alguien lo duda?
domingo, 29 de agosto de 2010
Derechos de propiedad intelectual y crecimiento económico
Joseph Shumpeter revolucionó la ciencia económica con una principal y sencilla idea que se alejaba de los convencionales modelos clásicos de la época, que incidía en la forma en que la producción y el progreso evolucionaban a través de la propia iniciativa empresarial.
El ciclo económico se basa en el ahorro de recursos para la generación de ideas, ideas que finalmente acaban incidiendo en una mejora del sistema productivo, lo cual daría ventaja a la empresa innovadora. Más tarde, el resto de los competidores asimilarían la nueva idea en sus propios procesos productivos, es decir, le imitarán, y finalmente la empresa inicial no seguirá siendo al líder, y la mejora repercutirá por entero en el sistema económico, beneficiando a los consumidores.
Hay tres ideas principales que se pueden sacar:
- El ahorro se basa en las perspectivas de una mejora en los beneficios futuros. Es decir, nadie va a querer ser líder en innovación si no va a sacar beneficio de ello. Si sacara las mismas ganancias “creando” que imitando, le sería mucho más fácil imitar.
- Esto ha sido recientemente puesto en duda, ya que las innovaciones cada vez son más complejas, con lo cual también son más difíciles de asimilar, y en otros casos hay tantas posibilidades abiertas que no existe sólo la posibilidad de innovar o imitar, sino también entrar en una “guerra” de innovaciones, como la (ya pasada) guerra entre el Blue-Ray y el HD-DVD.
- Los demás tenderán a imitar el proceso, y por tanto a igualar sus condiciones económicas. Lo cual quiere decir que el liderazgo no es eterno. En este aspecto hay dos posibilidades, o se alarga de forma legal (mediante las patentes que otorguen derechos de propiedad) o se realiza un proceso continuo en la innovación mediante los beneficios conseguidos con el liderazgo.
- Toda innovación acaba beneficiando a la sociedad. Mientras el liderazgo sea de una sola empresa, esta actuará como un monopolio y por tanto los precios serán más caros, pero en cuanto la competencia se haga con el poder del mercado, los precios tenderán a caer.
Así que la pregunta es: ¿Cuánto queremos que se alargue el tiempo de liderazgo? ¿Cuánto tiempo deben durar las patentes?
Si duran mucho esto creará más incentivos a las empresas para innovar, ya que cada vez más los procesos son más largos o más costosos.
Si duran poco la competencia será más dura y los beneficios redundarán más rápidamente en el colectivo, avanzando conjuntamente más rápido.
Otro trade-off del que se sale optando por el punto medio.
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