martes, 30 de noviembre de 2010

España cae en el timo de los mercados.

Hemos caído donde no debíamos caer. Hemos caído en el timo de unos mercados que se quieren seguir beneficiando a nuestra costa.

Nos dijeron: “¡Haced una política restrictiva! ¡Eso aplacará los mercados de deuda!”

Y España, dicho y hecho. Aumenta el IVA, baja el gasto público y recorta ayudas sociales.

Nos dijeron: “¡Tranquilos, los tipos de interés comenzarán a bajar!”

Y España esperó, y la prima de riesgo bajó, situándose aun muy por encima de lo recomendable.

¿Qué dirán ahora? ¿Qué hemos subido poco el IVA? ¿Qué hemos recortado poco el gasto público y social? ¿O que los mercados siguen siendo, como lo han sido siempre, algo incontrolable y oligopolistico en donde quienes tienen el poder lo usan indiscriminadamente para joder al contrario?

Por el amor de Dios. Si tenemos una deuda pública que es más pequeña que en los grandes países.

El uso de la economía autocumplida. EL timo de las expectativas irracionales. Te cobro más porque creo que tienes poco dinero. Te robo más por que creo que tienes poco dinero. Te dejo sin dinero. “¿Lo ves? Si es que tenias poco dinero, por eso te lo he robado”.

Y mientras la gente lo llama “lógica”, España cae sin solución.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Desigualdad óptima



Cuando uno tiene como objetivo la búsqueda de la igualdad, tiene que pararse a pensar qué es lo que realmente está queriendo decir. Igualdad de capacidades, de libertad, de oportunidades, de salarios…

El problema de todo esto es que, por mucho que filosóficamente hablando podamos interpretar como óptima la búsqueda de un cierto tipo de igualdad, la forma de medirla y buscarla políticamente debe hacerse en base a indicadores generales, para lo cual se usa, casi siempre, los salarios.

Pero claro, a pesar de que podemos entender que la desigualdad en la distribución de la renta es un mal, la pura igualdad tampoco es algo deseable, por los incentivos perversos que lleva asociados. En que momento aumentar la igualdad puede pasar de ser algo positivo a algo negativo. ¿Qué es buscar la igualdad?

Creo que fue en el concilio de Trento donde se debatió si ser rico era pecado. La cosa no es sencilla, y la solución que pusieron para mi fue satisfactoria. Ser rico no era pecado si no lo hacías perjudicando a otros. O dicho de otro modo, ser rico es pecado si para ello, tienes que empobrecer directamente a otros. Hay muchos casos en los que sí, magnates, señores de la guerra, etc. Otros en los que no, emprendedores, gente con suerte, especialistas, deportistas de élite…

Pero, ¿por qué es preferible cierta desigualdad?


De igual forma, podemos decir que la desigualdad no es “pecado” o no es indeseable, si tiene unos fundamentos razonables, es decir, si está justificada.

Por ejemplo, a pesar de pensar que toda persona tiene que tener un mínimo y que su trabajo es incomparable para con otros, se acepta el hecho de que trabajos que necesiten de un esfuerzo extra para la especialización, merecen un salario mayor, que incentive por si mismo el largo proceso de especialización necesaria.

Está estudiado, por ejemplo, que en media, un año más de estudios corresponde a un 8% más de salario. Y es muy importante que estas desigualdades se mantengan, no muy altas, pero tampoco muy bajas. Como siempre, en el punto medio. Para no crear unas desigualdades injustas ni socialmente deseables para el conjunto, en el que todos somos necesarios, pero tampoco para desincentivar el esfuerzo (muchas veces muy duro) que supone algunos caminos por lo que la sociedad en conjunto también avanza.

El ministro de educación, Ángel Gabilondo, lo digo el jueves en una apertura de una serie de conferencias: Lo que hay que hacer para mejorar la educación es incentivar a los alumnos, que se sientan responsables del futuro de su sociedad, que se sientan capaces de conseguir, no solo ser útiles para la sociedad, sino para si mismos.

En este punto, creo que los salarios juegan un papel importante, así como la seguridad en el empleo. Muchas veces factores vistos como consecuencias del estado económico, que dependen del nivel general educativo previo y la situación económica, pero que, a mi entender, también tienen un efecto muy importante en el devenir de la sociedad del futuro.

¿Cuántos chavales han dejado los estudios por un salario muy alto en el sector de la construcción? ¿Cuántos estudiantes se van a hacer oposiciones porque el empleo privado está “cada vez peor”?

Y ese es el problema de España. Que la desigualdad existente no está fundamentada, sino que prevalece por otras cuestiones que en general pueden acercase mucho a lo que antes considerábamos como “pecado”.

Y así no hay manera de avanzar.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El nuevo índice del desarrollo humano, IDH.



La ONU hace tiempo que tiene puesta su mirada en algo más que la producción para hacer un ranking sobre el desarrollo de los países. Sin embargo no han sido pocas las críticas que han surgido a la forma de realizar estos índices, por lo que la propia ONU quiso que los académicos mandasen propuestas que mejorasen la elaboración de estos índices. Esta mañana nos han presentado una de las alternativas que le mandaron a la ONU, y un primer vistazo a lo que acabará siendo.

Crítica.


El índice IDH se hace mediante tres indicadores. Esto ya es de por si algo criticable puesto que deben ser indicadores que muestren realmente la situación y el desarrollo de los países, aunque en general, se acepta la sanidad, la educación, y el bienestar material (PIB per cápita) como la base de la que partir.

En primer lugar, se crítica el hecho de que el IDH se forma como la media aritmética de los tres indicadores, de forma que se asume que son sustituibles, es decir, que poco importa que alguien tenga muy bien la sanidad y mal la educación comparándolo con otro que tenga muy bien la educación y mal la sanidad.

En segundo lugar, las variables adoptaban muestras que, si bien para la comparación entre países desarrollados y poco desarrollados están bien claras, a la hora de poder comparar entre países afines, las diferencias eran tan escasas que tener una posición en el ranking era poco menos que, aleatorio.

Por ejemplo, a la hora de evaluar la educación, el indicador es una media ponderada entre el índice de alfabetización (2/3 partes), y el índice de matriculados (1/3 parte, con datos curiosos con países con más del 100% de índice de matriculación, con estudiantes que estaban matriculados en varios sitios a la vez). De poco sirve comparar el nivel de alfabetización entre España y Francia, por ejemplo, ya que van a ser tan iguales que las diferencias pueden ser atribuibles a la estadística u otros motivos que no tienen nada que ver con el esfuerzo educativo.

A la hora de evaluar la sanidad, se toma la esperanza de vida al nacer. Otra variable que entre países ya desarrollados no tiene una repercusión grande y no tiene en cuenta, por ejemplo, la densidad demográfica.

En cuanto al bienestar material, este se tomaba como el logaritmo del PIB per cápita, lo cual hace un sesgo que resta importancia a las rentas más altas. De nuevo, no alude para nada a la distribución de la renta, uno de los factores más importantes a la hora de observar el desarrollo de una sociedad o, al menos, su situación social.

Otra de las críticas era la del marco y los límites de los índices. Por ejemplo, se tomaba como límite inferior los 100 dólares como PIB per cápita, por lo que todo lo que estuviera por debajo se queda como 100, y el límite era de 40.000 dólares, por lo que todo lo que esté por encima se queda como 40.000 ofreciendo más limitaciones importantes a la hora de analizar la realidad estadística. Lo conveniente es no coger límite inferior (cogerlo valor 0) y que el límite superior (pues se necesita uno para hacer lo índices, ya que un valor tiene que tener el valor máximo 100%), se cree a partir del máximo recogido por los datos.

Propuesta


La propuesta parte de hacer un cambio metodológico en la obtención de los diferentes índices y en la creación después del IDH, adecuándolo a la comparación entre países desarrollados, para que est, además de ser ordinal (es decir, en ranking), pueda ser más comparativa o cardinal (es decir, poder decir cuanto mejor está un país con respecto a otro).

Se mantienen los tres elementos principales. La sanidad se toma como la vida potencial, que es la esperanza de vida de una persona media escogida al azar. Poblaciones con un gran porcentaje de ancianos tendrán una vida potencial menor que un país con más jóvenes. Es decir, se tiene en cuenta aspectos demográficos más que la esperanza de vida como tal. Con este índice, España bajaría tres puestos, Japón 15 (tiene una población muy anciana), Italia 13, y países como Irlanda o Estados Unidos subirían entre 12 y 14 puestos. Como vemos, cambios reseñables.

Sin embargo, esta propuesta no ha sido aceptada por la ONU, y por lo que sé, seguirán optando por la esperanza de vida al nacer como indicador de salud.

En cuanto a educación, la propuesta era la de analizar el número de años que se estudian a partir de los 15 años. En primer lugar, no se toma toda la vida educativa por que hay países que empiezan antes que otros y, sobre todo, para que el grueso tomado en cuenta sea el de la educación no obligatoria. EN el caso de España, por ejemplo, la media es de 5,4 años (es decir, que se estudia hasta los 20 años y medio), mientras que la media de la OCDE era de 6,9 años. España, muy perjudicada por este hecho, bajaría unos 15 puestos. Como vemos, son estadísticas más sensibles y que, por tanto, dan una muestra más realista.

En particular, la ONU ha hecho algo parecido, sólo que ha cogido todos los años de vida educativa, a pesar de que no es lo más conveniente.

En cuanto al bienestar material, el cambio es bastante importante. Primero se calcula la renta igualitaria equivalente, aquella cantidad de renta que

igualmente distribuida produciría el mismo bienestar que la renta efectiva. Se calcula la diferencia entre el PIB per cápita y esta y se utiliza para ponderar la renta per cápita. De esta forma, países con menos desigualdad se verán menos perjudicados que países con una gran desigualdad, manteniendo como indicador principal la renta per cápita.

En este caso la ONU ha aceptado la propuesta como de gran importancia, utilizando el índice de Gini.

Por último, para realizar el IDH, en vez de hacer la media aritmética (sumar las tres y dividir por tres), se hace la media geométrica (la multiplicación de todos los indicadores elevados a un tercio). Lo que hace la media geométrica es algo parecido a la aritmética, pero penaliza el hecho de que los indicadores sean muy diferentes entre si. Es decir, para mejorar el indicador es conveniente hacerlo en los tres indicadores con los que se realiza, y no solo en uno.

Con este tipo de IDH, España bajaría seis puestos.

Obviamente, este tipo de indicador se puede mejorar, y a veces puede resultar mucho más conveniente echar un vistazo a los índices base, la totalidad existente sobre educación, sanidad, distribución de la renta, etc. Pero como agregado, al menos se ha mejorado la forma de realizarlo, y por tanto, su nivel de realismo.

Ahora eso sí, cuando en los próximos días salga el nuevo ranking de IDH, que nadie se crea que España ha bajado 6 puestos de golpe, es simplemente un cambio metodológico. Veremos en cuantos sitios omiten esto.

 

jueves, 25 de noviembre de 2010

Las dos ramas microeconómicas



En cualquier rama de la ciencia económica, hay muchas sub-ramas, muchas escapatorias para intentar estudiar la economía desde el mismo punto de vista, en este caso el microeconómico.

Cuando hablamos de un punto de vista microeconómico, nos referimos al estudio del comportamiento de los consumidores y las empresas, sus relaciones en el mercado y las consecuencias de estas relaciones, en un contexto estático, dinámico, axiomático, de política normativa o positiva, etc. Hay muchas posibilidades.

Aun así, hay dos grandes ramas de la microeconomía, muy diferentes entre si, que parten de conceptos similares pero con un desarrollo, a mi juicio, totalmente diferente.

En primer lugar tenemos lo que se denomina, “economía industrial”. Que incide más en el comportamiento estratégico de las empresas y la interdependencia estratégica que se crea entre ellas, es decir, el hecho de que lo que haga una empresa afecta a las demás.

En su base están los conceptos de poder de mercado, fallos de mercado, diferenciación de producto, modelos de publicidad, aplicación teórica del estado, etc. Partiendo de conceptos reales y evidencias empíricas en la vida real sobre la competencia de las empresas en diferentes sectores y como afecta eso al consumidor (vía precio, demanda, y calidad del producto), se modeliza el comportamiento y se estudia.

En segundo lugar, nos encontramos con lo que se puede llamar “economía del bienestar”. Que intenta axiomatizar el comportamiento del consumidor, haciendo basarse en conceptos puramente racionales, para llegar a crear abstracciones sobre las relaciones entre los mismos en el mercado. Basándose en el principio de Pareto, el cual no dice absolutamente nada sobre comparaciones que ofrezcan alguna posibilidad de debate, esta rama intenta buscar alternativas y vías de escape para hacer comparaciones que permita expresar de un modo u otro que, en definitiva, la economía es perfecta.

En su base, el consumidor es un conjunto de principios básicos del cual se dictamina su comportamiento. Tiene la capacidad de conocer toda la información sobre todos los productos y de hacer comparaciones entre los mismos y, en general, todos los agentes son precio aceptantes, es decir, nadie incide en el precio.

Cuando hablo de las bases, me refiero a lo más básico. Ambas ramas pueden complicarse mucho más, añadiendo factores cada vez más complejos, pero yo no puedo obviar el hecho de que una rama comienza desde un punto de partida realista (que intenta hacerse más realista cada vez), y la otra parte de una matematización irreal, que necesita de más matematización para hacerse hueco en la realidad.

A parte de que sus conclusiones, y su utilidad para la política económica es muy diferente.

Lo he estado buscando, pero no lo he encontrado. Alguien dijo “somos hijos de nuestro tiempo”, y quizás sea eso lo que en mi mente ha creado un halo de diferencia sobre dos ramas que me parecen antítesis procedimentales. Lo acepto y lo acato, ninguna es mejor que la otra. Pero si me dan elegir, prefiero la economía industrial.

Librinos: Una nueva forma del libro convencional.



Librinos. La idea es buena, no es nueva claro, ya que se llevan vendiendo ya años en países como Holanda (allí llamados “Dwarsligger”), pero han empezado con mal pie, a mi parecer, en una competición en la que les va costar ganar terreno.

Han cometido dos grandes errores, a mi juicio, en la puesta en marcha de la venta del nuevo producto.

En primer lugar, el catálogo. Más que comprar un “librino”, lo que la gente quiere es comprar un libro. No puedes comenzar a intentar vender un nuevo soporte si el contenido no es atractivo. Y, para mi gusto, no lo es.

Sólo hay cinco libros, todos best-sellers de la propia editorial, ni muy nuevos, ni muy buenos. No hay ninguno que destaque ni pueda llegar a ser un tirón, y no digo que sean malos, claro, pero no lo que debería haber sido para una puesta en marcha desde cero en donde la gente tiene que sentirse atraída por lo desconocido, desde la seguridad de algo que ya de por si le gusta, como puede ser la novela.

En segundo lugar, el precio. El precio tendría que ser otra característica más. “Cabe en tu bolsillo, se ajusta a tu bolsillo” podría haber sido un buen eslogan pero por 10 euros la cosa se pone difícil.

En este tema nos han timado a base de bien. Yo sólo compro libros de bolsillo, y recuerdo que hace sólo unos pocos años, muchos valían entre 6 y 7 euros. De golpe y porrazo todos subieron a, 10 euros (las editoriales claro, no son tantas como los libros, y son ellas las que toman las decisiones). Estos librinos tenían la oportunidad de situarse en un escalón por encima de los libros de bolsillo tradicionales bajando el precio medio de estos. Pero, de nuevo, no lo han aprovechado.

Así que, de una persona que estaba casi seguro de comprar un librino aunque sólo fuera por tener uno en mis manos, una persona menos que no lo va a hacer, por un catálogo desastroso y un precio que no aporta nada diferente. Y es una pena.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Las malas decisiones de Irlanda.



Irlanda se equivoca, pero los únicos que hablan le dictan el camino.

Hay muchas maneras de hacer un ajuste fiscal. Muchas maneras de llegar a acuerdos para lo que simplemente es una cuenta de suma y resta, ingresar más de lo que se gasta.

Creo que lo que estamos viviendo ya es de chiste. Pues Irlanda no solo va a intentar frenar la economía con un ajuste fiscal muy severo, sino que encima está jugando a bajar sueldos forzándolos en el sector privado con una bajada del salario mínimo. ¿Sabrá acaso que eso repercute en una menor recaudación del IRPF? ¿Sabrá acaso que eso repercute en un menor consumo y, por tanto, en menor recaudación por IVA?

Nos hemos vuelto locos.

Yo creo que esto es lo que muchas estaban estando esperando para comenzar ajustes severos sin ton ni son pero que parezcan de algún modo, justificables. “Es que nos tienen que bajar el salario mínimo, si no nos vamos a pique”. Y una mierda. Una cosa es que los salarios en general tengan que bajar porque en estos momentos no se está generando lo que debería para pagarlos, para llevar a cabo una devaluación de la moneda de la única forma que se puede hacer, es decir, crear inflación controlada para restar intereses, potenciar la industria, etc, y otra cosa es dejar que el efecto se cebe más con los que menos tienen.

La subida del IVA es, de nuevo, algo que no se debería hacer. Aquí los hemos hecho y mal hecho. Justificándonos en que Europa lo tiene más elevado (y es cierto, por supuesto), lo hemos utilizado como arma en un momento en el que el consumo era lo más necesario para impulsar la demanda agregada (la cual ha bajado este trimestre). La experiencia de Japón ya la hemos olvidado. ¿De que sirve la historia económica? De nada. Marx ya decía que la historia no es más que la lucha de clases, y sigue siéndolo, y por lo tanto, esta se va a seguir repitiendo, en el tiempo y en el espacio.

martes, 23 de noviembre de 2010

Estadísticas del CIS.

El CIS ha publicado un conjunto de estadísticas sobre opinión pública y fiscal.

Hay muchas preguntas, algunas de ellas muy curiosas, derivadas, sobre todo, por el efecto que conduce el hecho de no representarse personalmente en el conjunto de la manera que debería.

En concreto voy a poner dos gráficas muy generales de las estadísticas.

Primero, la distribución de la población según tu ideología política sea más de izquierdas o más de derechas.

La verdad es que en este caso, la media tira bastante para el lado de la izquierda. Un 29,6 se declara más o menos neutral, mientras un 32,9 se declara más de izquierdas y un 13,4 de derechas. Esto denota la importancia de las diferentes actuaciones de los gobiernos que necesitan ganarse el centro.

El segundo gráfico muestra como se ve la gente en relación a su situación económica.

Es curioso como el 0% se declara muy rica, a pesar de que, según la encuesta, el 16% de los encuestados eran de clase alta. Casi el 50% se declara de clase media.

El mejor estudio que se podría hacer sería comparando estos datos con respecto a los de otros años, pero eso para otro día.