viernes, 27 de mayo de 2011

Técnicas para no pagar impuestos



Que las empresas grandes y con abultados beneficios hacen lo que sea para intentar eludir el pago de impuestos es algo que asumimos día a día. Es cierto que las grandes son las menos, y que más del 90% de las empresas de este país son Pymes, pero el grueso de los beneficios recaen sobre las multinacionales.

¿Cómo actúan estas para no pagar lo que deberían pagar?

Todo se basa en la disparidad de tipos impositivos que existen en Europa. Todas las grandes empresas (hablamos por ejemplo de Apple, Ikea, Google, el volumen de negocio es abismal, y abisal) intentan tributar en Irlanda que en donde en vez de tener que pagar un 30% de impuesto sobre sociedades pagan un 12,5%.

Voy a simplificar mucho el planteamiento:

1º: Lo que sería normal.

Una empresa que vende su producto en España, obtiene un beneficio en España, y por tanto paga el impuesto en España.

2º: Lo que se hace.

En primer lugar se montan tres empresas. Una en España, y dos en Irlanda.

La empresa que se dedica a vender el producto o servicio en España se instaura como comisionista. Es decir, que los beneficios que genera los pone a nombre una de las empresas que se han creado en Irlanda.

Supongamos que la empresa en España genera 1000 euros de beneficio. Se entiende que los 1000 euros son en realidad de la empresa Irlandesa, y que la Española era un mero intermediario. 100 euros se quedan en España y 900 se van para la empresa “raíz” en Irlanda. De esta forma en vez de pagar los 1000 euros al 30%, pagas solo 100 euros al 30% y 900 al 12,5%.

Pero aun hay más. En Irlanda si tienes una empresa y el titular no es residente en Irlanda, simplemente no paga impuestos. De esta forma se utiliza la segunda empresa en Irlanda para gestionar los royalties (beneficios por el derecho de la marca). Y como en esta segunda empresa el titular no reside en Irlanda, no paga impuestos. Si suponemos que se desvía un 50% del beneficio, la empresa en total estaría pagando solo el 12,5% de 450 euros.

En total, de 1000 euros, paga menos de 100 euros. Un 10% del total. En la realidad he llegado a leer que este porcentaje de tributación total puede llegar a ser el 4%.

Una pasada.

¿Cómo solucionarlo?

Pues parece que la solución ya se está negociando, así no estamos hablando de ningún mundo perdido en la nube. La nueva normativa estima un sistema de imputación del beneficio al margen de donde resida el titular o toda esa serie de elementos que solo sirven para eludir el pago.

Es establece un porcentaje del beneficio a un determinado país por variables reales, a saber:

-       Un tercio por los empleados. Número y coste laboral.

-       Un tercio por activos reales.

-       Un tercio por ventas.

De esta forma, si Ikea tiene el 90% de sus empleados (dedicados a vender en España) en España, y el 90% de sus activos y genera el 100% de sus ventas (lo que es normal) sería:

1/3 * 0.9 + 1/3*0,9 + 1/3 = 2,8/3

De esta forma, los beneficios que se imputan a España serán de 933 euros, y pagaría el 30% sobre esa cantidad.

Mucho más realista.

Claro que todo esto solo se puede basar bajo una normativa europea, pero como digo parece que se está trabajando en ello muy seriamente. El tema no es baladí, y los países, muy endeudados, están cansados de ver como grandes sumas de dinero se pierden por el mar.

PD: Esta entrada es una de las que más visitas acumula, y estoy seguro de que es de las más decepcionantes. No, no os doy técnicas sobre como evadir impuestos. Hay un país que mantener.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Democracia Real Ya!

Creo que me siento en la obligación de dar mi opinión en un acontecimiento que puede o no significar un cambio o el inicio del cambio de un sistema democrático demasiado bloqueado como para ser tomado en serio.

Mi opinión es compleja, o al menos no es tan simple como una rotunda afirmación o negación en el apoyo de lo que es un movimiento social en muchos casos esperado. Intentaré responder poco a poco.

Forma


La forma me parece del todo correcta. De momento, y hablo de un tiempo a esta parte, las cosas se han hecho como debían hacerse. Tal es así que puedo resumirlo de esta forma: No sé si esto cambiará algo, pero sé que si algo puede cambiarse, comienza por algo así.

Desde las actuaciones pacíficas, las reuniones públicas y multitudinarias, revindicando la tranquilidad y la unión de todo tipo de personas.

Pero ahora mismo el problema es que la forma va a ir perdiendo calado. Ya no va a impactar tanto ver a jóvenes sentados y durmiendo en la Plaza del Sol y otras plazas de España, sobre todo después de que la policía lo permitiera esta noche. Lo que tiene que ir cobrando protagonismo, poco a poco, es el fondo.

Si la forma no se adapta para que el fondo tenga un verdadero protagonismo y una verdadera posibilidad de acción, no se conseguirá nada.

Fondo


Creo que lo mejor que puede definir la forma en que se tiene que encauzar todo esto es, ni más ni menos, el título y eslogan del movimiento: Democracia Real Ya.

Si leemos los panfletos del blog o la web vemos que tienen muchas más reivindicaciones. Pero estas tienen un carácter ideológico del que, a pesar de que quieren autodenominarse plurales, no puede obviarse su marcado carácter de izquierdas.

En este aspecto, como militante de un partido de izquierdas , no puedo sino apoyar sus reivindicaciones y dar mi apoyo de la mejor forma que sé, instando a esas personas a que acudan a los partidos que mejor puede defender sus ideas. Participar con ellos. El cambio político se debe hacer desde la política. Sobre todo, y también, por respeto a otras formas de pensamiento, más liberales que, si bien no comparto, debo y debemos respetar.

Entonces, ¿Qué deberían reivindicar?

Lo que se dice es que ni siquiera los partidos de izquierdas son participes de una democracia real. Y les doy la razón. Es eso, en su ámbito más neutral, organizativo y esquelético lo que hay que cambiar. La democracia en sí.

Las propuestas deben de centrarse en el cambio de la Ley D’hont, que aleja a los partidos minoritarios de su verdadera demanda poblacional. EL cambio a un sistema como los del norte de Europa, en donde gracias a firmas y referéndums se puede cambiar leyes o proponerlas, o vetarlas. Donde el pueblo es el que, al final, tiene la última palabra.

Debemos pedir un sistema donde por ley no puedan presentarse a las elecciones nadie que haya sido imputado con cargos. Un sistema donde la información pública sea pública (de todo tipo). Un sistema donde los políticos sean más participes con el ciudadano, con más debates en televisión, menos manipulación. Un sistema judicial que no esté politizado, en todos los sentidos.

Hay muchas propuestas de este tipo, casi del todo respaldables por cualquier persona con algo de lógica que defienda un sistema libre, democrático, objetivo y positivo.

Un cambio que debe venir, por muchos lados de nuestra sociedad, incluso por lideres o partidos ya instaurados que llevan tiempo pidiéndolo.

Me remito a un tweet de Purnas: "NI hay solo dos sindicatos, ni hay solo dos partidos. Los hay que ya estaban en la calle. De verdad, os lo juro."

Por eso espero que los jóvenes y no tan jóvenes que reivindiquen el cambio den protagonismo de forma organizada a su fondo:

-       Aclarando sus reivindicaciones.

-       Que estas se centren en lo que debe perseguir la Democracia Real.

-       Que no se encierren en si mismos. No todos son iguales, ni todos van contra ellos. Cuanto más abiertos sean a escuchar y a dejarse apoyar antes se convertirán en el disparo que mejoró el sistema. Y dejaran de ser solo "unos pocos" cabreados con el sistema.

lunes, 2 de mayo de 2011

La izquierda tiene que renovar su ideario económico.



Que la izquierda está perdiendo fuelle en el panorama político es algo que pocos pueden negar. Actualmente todos los países de Europa parecen ir tendiendo hacia el voto de la ultra derecha, y en España la cosa pinta bastante parecida.

Lo raro no es que pierda fuelle el partido de turno en un país que acaba de ser azotado por una crisis, sino que la victoria se abalance más por el lado de la derecha que por el de la izquierda, sobre todo cuando la gran crítica a la crisis se hacen desde argumentos de izquierda.

El problema es que, dentro de las entelequias clásicas que todos los políticos nos venden, la izquierda sigue representando toda una serie de críticas y posturas que hace tiempo que no llevan a nada.

La renovación es obligatoria, y espero que en los próximos cinco años que se nos vienen la izquierda (y no solo la española, pero esta encarecidamente, pues es la que me atañe) recobre con fuerza el camino por el que discurre su base política y su visión del mundo.

Hay que dejar de utilizar la economía para generar slogans y dichos que desinformen a la sociedad. Hay que dejar de criticar a los políticos o a los funcionarios por sus “altos salarios”.

Por dos razones: En primer lugar, porque no son todo lo altos que deberían ser y, en segundo lugar, por que bajarlos no reportaría un ahorro sustancial. Debemos dejar de pensar en quitar ministerios o privilegios a los políticos porque con ello no conseguimos realmente nada. NADA.

Debemos pensar más a lo GRANDE. Dejarnos de tonterías estúpidas que colean y pegan muy bien pero que no sirven de nada. Debemos pensar en cambiar todo el sistema organizativo del sector público: Menos burocracia. Más control organizativo. Más objetivos y proyectos basados en el largo plazo y la eficiencia técnica. Un sistema de funcionariado que no se base en unas oposiciones puramente memorísticas para realizar luego un trabajo mecánico y automático.

Debemos de dejar de colar críticas a unos bancos que siguen impunes a cualquier insulto que, creas, puedas lanzarles.

Debemos ser conscientes de la realidad impositiva. La izquierda no puede seguir  coreando una subida de impuestos si estos no generan un aumento de la recaudación. Hay que impulsar más inspectores, y aumentar las multas por evasión fiscal.

Debe ser la izquierda la que se debe adueñar del argumento de la eficiencia en el sector público. Nadie sino el que tiene un sueño, y el que cree en la función de todo el entramado público, puede ser el que defienda y luche porque funcione de verdad. Nadie sino alguien de izquierdas como yo puede estar más cabreado con todas las ineficiencias que se pueden generar de lo que, bien hecho, tiene que servir para mejorar el sistema económico.

Debemos luchar por cambiar el sistema productivo desde la base. Con horarios diferentes, europeos. Con niveles de vida (no en cantidad, sino en calidad y en forma) diferentes.

Debemos saber contextualizar al ciudadano medio. Hacerle saber que ahora está en Europa, con todo lo que eso conlleva. Y que ahora el centro de las decisiones políticas se basa en la asignación eficiente de unas necesidades cada vez más particulares, diseñadas desde las comunidades autónomas.

La izquierda debe defender la libertad cultural y religiosa. El laicismo no es ausencia de religión, o no debe serlo. Sino la defensa y la comprensión de la convivencia entre todas las formas de pensamiento. No abandonar el planteamiento religioso o ideológico, sino utilizarlo bien. Pues la ideología no es una forma sesgada de explicar el mundo. Es una forma subjetiva, particular y humana de ver el mundo.

La izquierda debe abandonar la pretensión de mantener a ciudadanos asqueados con un sistema que no entienden y con el que están cabreados. La izquierda debe explicarles a estos las verdaderas opciones viables desde la izquierda. Sin filtros utópicos. Y a quien no le guste que se vaya solo a los mundos de yupi.

La izquierda debe dejar de mantener y financiar todo aquellos que no sea útil u objetivamente necesario. La cultura hay que mantenerla, pues los valores que ostenta están más allá de lo que una valoración privada puede encontrar. Pero eso no es escusa para mantener organizaciones que se lucren de su poder único. La cultura debe ser ante todo, una forma de expresión. No una forma de hacer dinero.

La izquierda comete tantos, tantísimos errores en su propio ideario, que a veces es difícil pensar en su resurgimiento. Sé que hay una gran diferencia entre las opciones de izquierda y el laisser faire de la derecha. Y es que este último no tiene matices con los que jugar.

La izquierda sigue fraccionada porque el espectro que la mantiene es demasiado amplio. Y eso no es del todo malo. Pero cuando los objetivos de una verdadera izquierda no se corresponden con los objetivos que consigue, es hora de levantar la vista a la realidad y decir ¿qué estamos haciendo? ¿es esto lo que queremos?

domingo, 1 de mayo de 2011

¿Seguimos siendo alquimistas?



La alquimia fue el comienzo de los cimientos de la ciencia tal y como la conocemos hoy en día, como un conjunto de procesos que nos permiten obtener conocimiento objetivo y útil para toda una serie de propósitos que pueden ir desde la perfección del funcionamiento de un sistema  al mero conocimiento de la realidad que nos rodea.

La alquimia se caracterizaba por (y a esto no escapó ni Newton que por lo que sé, puso grandes esfuerzos) intentar transmutar los metales en oro. Es decir, la alquimia se caracterizaba por intentar obtener ganancias, beneficios, a través del conocimiento de la realidad y su manipulación.

Supongo, aunque de esto no tengo mucho idea, que la alquimia se fue abandonanda no solo porque se veía como el oro era una meta a conseguir imposible (o no viable) por métodos químicos, sino porque poco a poco iba siendo más reconfortante y beneficioso invertir el tiempo en aprender y conocer otro tipo de cosas (con más ahínco).

Pero mi pregunta es, ¿Hemos dejado de ser alquimistas?

Y hablo por la ciencia económica, cuyos escasos años de vida (si la comparamos con el resto de las grandes ciencias), me hace pensar si la alquimia no será un proceso más por el que toda ciencia debe pesar. El motor por el que la utilidad de obtener conocimiento se muestra tangible.

Esta semana pasada tuve la suerte de asistir a un congreso de econometría, con gente  de la universidad Carlos III y London School of Economics por bandera (no podemos decir que fue carente de ponentes de calidad). Y al segundo día surgió un pequeño comentario que me dio que pensar sobre el propósito de una gran cantidad de estudios económicos en el que se trata de entender los movimientos en tipos de cambio, interés, etc.

Por ejemplo, me cuesta pensar en una crítica sobre un trabajo que detalle con precisión el sistema reproductivo de la mariposa X de la región Y, por muy escondida que esté y por muy estéril que sea ese conocimiento para la vida humana. En cierto modo la ciencia no está al servicio del hombre, sino al servicio del conocimiento, y hay que intentar cubrir todo lo que se pueda. En cambio, en el congreso un ponente recibió varias críticas por su trabajo, no por no estar bien hecho sino “por ser una mera curiosidad que no sirve para nada más en si misma”.

Sin embargo, lo que si se celebra y se aúpa es toda una serie de trabajos que intentan explicar (y así surgió el pequeño debate), el funcionamiento de la realidad económica sobre variables con las que poder ganar dinero. Incluso alguien se atrevió a decir que el fin ultimo de la econometría era entender el funcionamiento de ciertas variables para poderse hacer rico, aunque él mismo ya ponía en duda que se pudiera hacer.

La suerte que tenemos es que los esfuerzos que hacemos los economistas son menos estériles que la alquimia. Transmutar un metal en oro por el método de prueba y error no es como intentar buscar las causas fundamentales (que ya existen) que hacen variar toda una serie de variables económicas.

PD: Si en química hablamos de la transmutación de metales, en física podemos hablar de la maquina del movimiento perpetuo. Ninguna ciencia escapa.

PD2: Actualizo con una imagen que vale más que mil palabras. Directo de la casa del libro.

lunes, 14 de marzo de 2011

Los tres problemas de la crisis social



Llevamos mucho tiempo de crisis económica, y el otro día, viendo los desencadenantes fundamentales de la crisis, uno se da cuenta de que lo que está en el fondo es una crisis social de la que, si no ponemos más remedios, nos va a costar salir mucho más que de la económica. Creo, realmente, que si no se soluciona la crisis social no podremos ponernos a la altura de otros países europeos.

¿A qué me refiero cuando hablo de crisis social?

Los he resumido en los tres puntos fundamentales que ocasionaron el agudizamiento especial de la crisis en España.

¿Y por qué son sociales y no económicos?

Pues porque toda economía se basa en la interrelación del comportamiento individual de personas que, en conjunto forman la sociedad. EL comportamiento económico depende, en gran medida, del comportamiento social.

1º Baja productividad.


Cuando uno lee en los periódicos que España es poco productiva uno ya piensa en valores económicos, producción media, coste del trabajador, pero de nuevo, lo que determina la productividad son otros valores como la educación o el capital humano.

El problema de España es que no apuesta por la educación de calidad. No valoramos el aprendizaje ni tenemos mecanismos que los valoren de la mejor forma posible. Me ha tocado estudiar en una universidad influida por los peores estudiantes y que ha rebajado cada vez más sus requisitos, donde se prima mucho más la cantidad que la calidad, basándose en indicadores inciertos de eficiencia educativa.

Los grados formativos están perdidos. Con profesores más exigentes que en la universidad pero con un escaso control académico. Se enseña poco y mal.

Estamos en un circulo vicioso en el que lo que prima es bajar los rendimientos académicos. Venimos de una época donde el albañil cobraba más que un recién licenciado, y estamos en una crisis donde lo más rentable parece ser quitarse títulos del curriculum porque “sobran”.

Las empresas no valoran la especialización pero todos padecemos de titulitis. Normal, en un país donde cualquier puede sacarse un master, aunque no tenga que ver con tu formación previa, ¿quién va a valorarlo? Y con lo que dan en las carreras, ¿quién va a querer a un recién licenciado?

Y queremos competir a nivel europeo instaurando el plan Bolonia, que de momento a traído: más alumnos por profesor, menos asignaturas, que se traduce en: quitar las difíciles y erradicar las especialidades -> Más masters.

Pero claro, solo de pensar en otro marco educativo, en otro cambio, ya se nos ponen a todos los pelos de punta, ¿Otro más? Esto redunda sobre todo, en la capacidad de nuestros políticos para llegar a acuerdos fructíferos para nuestro país: nula. Instaurados en un bipartidismo que sabe que, aunque pierda, volverá, y que, aunque imponga, se cambiará, cargado de una rivalidad que les beneficia. Por este lado, vamos mal.

Por no hablar de las prejubilaciones de los más experimentados en pos de aquellos que cobran la mitad. Todo un ejercicio de apuesta por los valores productivos.

2º Endeudamiento.


Cuando hablamos de educación, no solo hay que hablar de la gestión de los recursos académicos. También de que, como sociedad, le hemos perdido el respeto a “aprender”. La gente, jóvenes en su mayoría, se han acostumbrado a vivir la vida lo más rápido posible (y que nadie diga que esto no es nuevo, pues ese es otro problema, aquí ni los mayores se libran). Vivir la vida lo más rápido posible significa vivir sin preocuparse por el después.

Esto se traduce de muchas maneras según qué edad tengas. Pero, en general, hay un efecto económico claro que se ha ido gestando a lo largo de los años. Todos hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades. Todos nos hemos ido endeudando poco a poco, pensando en pagar mañana, y endeudándonos al día siguiente para pagar.

Y esto son matemáticas básicas. Si produces 100, y consumes 200, llegará el momento en que debas producir 150 para consumir 50, y devolver los 100. Y aquí ya podemos criticar al gobierno (que está de moda), pero la gran mayoría del endeudamiento es privado. Y hasta que la gente no se de cuenta de que tenemos que vivir unos años trabajando para nada, trabajando para generar una riqueza que se van a llevar otros (porque se lo debemos), en definitiva, hasta que la gente no deje de endeudarse, no saldremos de esta.

Lo que digo es algo que nos  va a costar mucho asimilar. La gente, y ese es el problema, está acostumbrada a una vida que, honestamente, y aunque lo sintamos mucho, no nos pertenece. Debemos poner los mecanismos para producir a nivel europeo para poder vivir a nivel europeo. Pero no podemos querer vivir como los ricos si no generamos lo mismo que los ricos. La única forma de hacerlo es pidiéndole prestado a los ricos, pero ya sabemos que los cabrones luego nos van a inflar a intereses (lo que sucede ahora con la prima de riesgo no es nada nuevo).

Hay que cambiar el chip, y eso va a ser lo difícil. La gente no quiere ser como los chinos, aunque algo deberíamos aprender de ellos. Mientras nosotros somos los vividores, ellos son los ahorradores. Eso sí, luego nos quejamos con el vecino de que “nos invaden”.

3º Conciencia social.


Claro que aquí estoy hablando mucho sin saber como son en otros países. Todos debemos tener nuestros problemas pero en España son, en algunos casos, demasiado agudos como para dejarlos pasar como hemos venido haciendo.

Aquí padecemos de sabelotodismo. Aquí todo el mundo sabe de todo. Todo el mundo es ministro de economía, médico, juez, y físico. Y lo peor no es que hagamos comentarios en cualquier aspecto que no dominemos (faltaría más, cualquier puede aprender si le gusta, y cualquier puede opinar si tiene voz). EL problema es, realmente, creerse tan apto o tan listo como los especialistas. Lo vivo con la economía en mis propias carnes, pero también admito que se presta más fácilmente.

Y en esas estamos, y aquí el que no corre vuela. Recordemos que todo el bum se inicio por una burbuja de viviendas que se inflaba por unas expectativas creadas por los que compraban y vendían los pisos. Aquí siempre digo que tienen tanta culpa los ciudadanos como los bancos y que, siendo los bancos los entendidos tendrían que haber puesto freno. Pero es que el 3º punto es mas fuerte que cualquier freno. Aquí, seas quien seas, vas a por todas.

Todos estos timos de Rumasa, Afinsa y otros se basan en la simple verdad de que, vez tras vez, la gente cae, creyendo que va a poder lucrarse de la nada, porque es más listo o más rápido que los demás, más entendido.

Cuando hablamos de que hay dos Españas, estanos aludiendo, simplemente, a que el nivel de transigencia del rival es cada vez menor. Si no opina como nosotros, no solo es un cabrón ignorante, sino nuestro enemigo. Y seguro que todo lo que hace lo hace para joder y, qué coño, seguro que está a favor de ETA. Los políticos ni ayudan, es más, generan más violencia (no física, y puede que tampoco verbal, pero sí a niveles apreciables hasta por un niño de cinco años). Y el problema no es solo que permitamos ese comportamiento, sino que lo alimentamos.

Así que cuando preguntan, ¿Cuándo saldremos de la crisis? Uno debe preguntarse primero, ¿Qué crisis?

Y todo lo que estoy diciendo no significa que la salida esté más lejos. Lo que digo es que ni ponemos remedio a estos problemas característicos de España (y medio mundo), volveremos a estar en crisis en menos que canta un gallo.

Ki kiri -

jueves, 10 de marzo de 2011

Moody's de nuevo...



Uno puede pensar lo que quiera. Uno puede creer en mercados perfectos en espíritu y en agencias objetivas que están lejos de inferencias manipuladoras que alteren una u otra nota en pos de objetivos  poco claros. Solo que los objetivos son bastante claros.

Mis teorías son bastante impopulares por lo “extremistas” que pueden ser pero la experiencia me da la razón, al menos de momento. La prima de riesgo, y la baja calificación de nuestro país no tiene nada que ver ni con la flexibilidad del mercado laboral, ni con el sistema de pensiones, ni con el déficit público.

Es lo que se nos ha dicho hasta la saciedad, que el exterior no quiere invertir por una serie de problemas que no resolvemos, porque nadie quiere resolver. Y el gobierno, en su infinita estupidez, los resuelve. Flexibiliza el mercado laboral, baja los suelos a funcionarios, aumenta la edad de jubilación y corta de golpe el gasto público, lastrando aun más la salida de la crisis. Y encima nos creemos que el problema es que ha hecho poco caso al exterior…

La cosa es bien simple. Estamos en una guerra financiera. Hace poco vivimos una especia de tensión en los tipos de cambio pero aquí lo importante es que hay muchos países que, aun estando endeudados, necesitan dinero. Entre ellos, EEUU y España. La clara diferencia entre los dos es que EEUU tiene agencias de Rating, de esas que ganan dinero sin hacer bien su trabajo, de esas que lo único que tienen que hacer cuando Elena Salgado va a EEUU a ganar fondos es bajar el rating para que no consigan nada. ¿Y España que tiene? ¿Y qué repercusión podría tener?

Todas estas agencias externas no pueden sino darme risa cuando hasta el FMI predicaba un descenso de casi un punto en el PIB cuando ni había plan de reducción del déficit, con el que solo decrecimos un 0,1%.

A ver, no digo que nos tenga “manía”. Es simplemente como funciona la economía. Las empresas intentan ganar a la otra los clientes, y en este caso los clientes, que son los inversores, compran deuda a las empresas, que son los países. Que solo nos enteremos de cómo joden a España tiene una respuesta sencilla: Estamos en España.

Ni siquiera sé como siguen existiendo agencias que han llevado al descalabro mundial. Deberían ser las responsables máximas de la crisis. Y siguen ganando dinero traficando información falsa.

PD: Considero indispensable leer este artículo, para ver una perspectiva más aplicada de lo que estamos diciendo cuando hablamos de la escasa objetividad de las agencias de Rating: