Emparejando esta con la entrada realizada por Ajovin en Virado en Sepia, creo que es bueno ir hablando de una izquierda más centrada en aplicar unos ideales base a una realidad ya asentada, y saber vender el cambio a los demás.
Actualmente, parece que no pasamos de cuatro ideas centrales que asientan las bases de la propaganda y crítica de la izquierda y la derecha económica.
Pero en realidad, esa no es la autentica base que dirige la ideología económica. Si nos vamos aun más a las profundidades tenemos:
Izquierda: Búsqueda de una mayor igualdad económica, sin perder de vista la eficiencia.
Derecha: Maximización de la eficiencia, que traerá por si sola la “justa” equidad.
El hecho de entrecomillar “justa” es algo puramente subjetivo por mi parte.
Como decía Amartya Sen, en realidad todo el mundo, toda ideología persigue la igualdad. Pero, ¿Igualdad de qué?
Y, de la misma forma por la que decimos que nuestra sociedad adolece de ciertos mecanismos que mejoren en cierta forma la redistribución también debemos ser conscientes de que el tiempo de las utopías, el tiempo de filosofar sobre sociedades perfectas con seres humanos muy poco humanos en un periodo previo a la consolidación occidental, ha pasado.
Además, no podemos descansar nuestro mensaje en “lo imposible”. Debemos hacer entender a la gente que no se puede cobrar más si no se produce más, aunque a la izquierda nos pueda fastidiar no poder aumentar los salarios. Debemos hacer entender que aumentar los impuestos en según que sitios, aunque pueda parecer muy lucrativo para unos, genera unas distorsiones y un movimiento de capitales que pueden dejarnos sin nada en un abrir y cerrar de ojos. Debemos hacer entender que en situaciones de crisis los bancos no pueden llevarse, en el momento, una multa que los haga cerrar, pues ellos poseen nuestro dinero. Debemos dejar atrás argumentos del pasado, que nos pueden parecer muy bien intencionados y bien argumentados, pero que no ofrecen nada para la solución de hoy.
Además, hay que hacerlo desde una óptica actual. No solo de Marx y, en cierta medida, Keynes vive la economía de la izquierda. Tenemos trabajos como el de Arindrajit Dube, (tenemos dos entrevistas, gracias al trabajo de Bcnaccions) que intenta desacreditar empíricamente la coletilla tan proclamada de la derecha de que subir el salario mínimo genera desempleo.
Y, por supuesto, hablo de la economía más básica. Conceptos como las energías verdes, la transparencia política, una mayor participación del ciudadano en las decisiones generales, una aproximación de las políticas (y políticos) a los focos donde se van a implementar, federalismo fiscal, independencia de religión y estado y un largo etcétera, son cuestiones que, aunque parezca que se vendan solas, no es así. Debemos particularizar la realidad al contexto de la gente. Hablar de potenciar las energías renovables es algo tan genérico que todos los partidos lo enarbolan como propio. Hay que hacer participe al ciudadano de proyectos concretos, aunque sea mediante la publicidad, aunque sea, simplemente, enseñando a la gente lo que en verdad se quiere hacer. No podemos pedir más participación si antes no le decimos en qué puede participar. En qué puede apoyar.
Tenemos un gran problema, por la mala publicidad que ha hecho el partido socialista a la izquierda. No ha sabido actualizarse, y por tener que hacerlo a marchas forzadas, por tener que adherirse a una realidad que no ha sabido ajustar a sus ideales, ha tenido que ir por el camino prefijado por unos países que no comparten la misma visión política.
Creo que todos debemos aprender del PSOE, para saber qué es lo que no hay que hacer. Para ver que, si bien hay que centrarse en los tiempos modernos que hoy nos tocan, se puede hacer con nuestra forma de ser. Y eso, también hay que saberlo vender.