jueves, 30 de junio de 2011

¿Qué hacer con las amas de casa?

Algo que suscita bastante interés es el hecho de que el trabajo de “am@ de casa” no esté reconocido como un trabajo más cuando, de hecho, si existen personas que hacen el mismo trabajo, pero en casas ajenas.



La comparación es la clave para el entendimiento.


Supongamos que tenemos a un hombre y a una mujer. Para no hacer sexista al ejercicio y que las asociaciones de mujeres no se me vengan encima por usar un estereotipo clásico, la mujer es propietaria de dos viviendas (las dos contiguas), y trabaja todo el día en un banco como asesora fiscal.


La mujer ha alquilado el piso que no utiliza a un hombre que trabaja de autónomo haciendo las labores del hogar (limpieza, cocina, cuidar niños, llevarlos al cole…), y además le contrata para que trabaje todo el día en su casa y cuide a dos niños que tuvo con un antiguo novio que se fue a Alemania porque el trabajo estaba muy malito aquí.


La mujer gana 3000 euros al mes, y le paga 1000 al hombre por hacer las labores de su hogar. El hombre paga 200 euros en impuestos (estoy poniendo números redondos).


Efectivamente, si el hombre es despedido, por cualquier razón, puede cobrar el paro. Y cuando llegue a los 67 años se podrá jubilar con la escasa paga que le quede.


Ahora imaginemos que los dos se enamoran poco a poco de verse todos los días cinco minutos u deciden casarse. El hombre deja de ser autónomo y realiza las mismas labores en el que ahora es su hogar. La mujer destina 1000 euros para su consumo, 1000 para el fondo común y otros 1000 se los da a su marido. Estamos en la mismas.


En las mismas prácticas. La mujer trabaja las mismas horas. El hombre trabaja las mismas horas. El producto realizado por los dos es el mismo y, por tanto, la utilidad que reciben es la misma. La diferencia es que el hombre, al no cotizar, ni tiene derecho de paro ni posibilidad de jubilación.


De hecho, el trabajo de am@ de casa se puede considerar como economía sumergida (si bien no creo que se contabilice cuando hacen los cálculos).


Así que lo que hay que hacer es permitir que toda clase de ejercicio laboral pueda ser reconocido como un trabajo, lo cual repercuta en la posibilidad de cotizar a la seguridad social, con todo lo que ello conlleva.


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